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Rosa Torres Pardo

Miércoles 24 de mayo, Teatro Degollado
Hora: 20:30 Hrs.

PROGRAMA

"Iberia" de Isaac Albéniz
"A 100 años de su creación"

Libro I
-Evocación
-El Puerto
-Corpus Christi en Sevilla
Libro II
-Rondeña
-Almería
-Triana

Intermedio

Libro III
-El Albaicín
-El Polo
-Lavapiés
Libro IV
-Málaga
-Jerez
-Eritañ

Rosa Torres Pardo
piano

Nació en Madrid y realiza estudios musicales en el Real Conservatorio Superior de Música de esa ciudad, graduándose con premio extraordinario Fin de Carrera. Estudió en Madrid, con Joaquín Soriano y con Gloria Olalla; con María Curcio en Londres; con Adele Marcus en Juilliard School de Nueva York, y con Hans Graff en Viena.

Colabora regularmente como solista en orquestas españolas y extranjeras, bajo la dirección de maestros como López Cobos, Plácido Domingo, Víctor Pablo Pérez, Ros Marbá, Josep Pons, Max Valdés, Ermler, Dutoit, Fedoseev, Fournet, Marzimiuk, Pommier, Spivakov, Vasary y Weise, entre otros.

Ha actuado en el Teatro Real y en el Auditorio Nacional de Música de Madrid; en el Wigmore Hall de Londres; el Musik Hall de Hamburgo; el Koncerthaus de Berlín; el Auditorio Nacional de Dublín; en la Sala de Columnas de Moscú; en el Teatro Colón de Buenos Aires; en el Carnegie Hall y el Alice Tully Hall de Nueva York; el Kennedy Center de Washinton; el Hollywood Bowl de Los Angeles; Sala Philarmonie de San Petersburgo; además de haber actuado en Canadá, México, Puerto Rico, Venezuela, Perú, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, China, Hong Kong, Corea, Filipinas y Austria.

Ha trabajado con orquestas como la Filarmónica de Los Angeles, Filarmónica de Hamburgo, Rundfunk-Sinfonieorchester de Berlín, Philarmionia Hungárica, Filarmónica de Montreal, Orquesta de la TTV de Moscú, Orquesta Nacional Rusa, Virtuosos de Moscú, Orquesta Sinfónica de Armenia, Simphonian Varsovia, Filarmónica de Buenos Aires, G. Enesco de Budapest, Philarmónica de San Petersburgo y todas las Orquestas Sinfónicas de España.

Ha grabado para los sellos discográficos “Calando”, “Naxos”, “Decca” y “Deustche Grammophon”.

Recientemente ha sido galardonada junto a Alicia Larrocha con la medalla Isaac Albéniz de Camprodón (Gerona), ciudad natal de Isaac Albéniz.

Críticas

(UNA VELADA EXCEPCIONAL)
Concierto de la pianista española Rosa Torres-Pardo, organizado por el Teatro Colón, con el auspicio de la embajada de España.
Programa: versión integral de la Suite "Iberia", de Isaac Albéniz. 1er. cuaderno: "Evocación", "El Puerto", "Corpus en Sevilla"; 2° cuaderno: "Triana","Almería", "Rondeña"; 3er. cuaderno: "El Albaicín", "Polo", "Lavapiés"; 4° cuaderno: "Málaga","Jerez" y "Eritaña". En el Teatro Colón.

Nuestra opinión: excelente.

Como una piedra preciosa, este recital único -por varios motivos- lució con incomparable fulgor propio, engarzado azarosamente en medio de la febril actividad pianística del certamen internacional y el próximo Festival Argerich, por desarrollarse en el primer coliseo.

Obra completa
Rara vez se ha ofrecido en el Colón la Suite "Iberia" completa, como en esta ocasión, y rara vez el abordaje ha sido tan exhaustivo desde todo punto de mira. De este hecho sólo se registran realizaciones históricas, como la del estreno de sus cuatro cuadernos -separadamente- en París por la eminente Blanche Selva, entre 1907 y 1909. Si a esto se agrega que "Iberia" es poco menos que la consumación del arte pianístico de Albéniz, con sus doce composiciones de largo aliento y elaborada factura, compuestas en las postrimerías de su vida, cuando España era para él -musicalmente, al menos- una evocación fuerte y necesaria, se comprenderá la magnitud del hecho artístico que significa haberla ofrecido en vivo integralmente, en una noche en verdad excepcional. Es una lástima que un concierto de estas características haya sido anunciado con escasa antelación, y que el público asistente no pudiese disponer de un programa impreso de mano para seguir su desarrollo.

LA NACIÓN. Buenos Aires
Miércoles 3 de Septiembre de 2003

("LA 'IBERIA', DE ALBÉNIZ, ES UN DOCTORADO PARA UN PIANISTA ESPAÑOL")

“Sabe que el de hoy no es un recital más. Hoy se doctora, hoy se mete en el territorio de los grandes, si todo sale como espera. Lo dice ella misma, Rosa Torres-Pardo (Madrid, 1960), pianista, que interpreta en el Auditorio Nacional, dentro del ciclo Grandes intérpretes, de Scherzo, que patrocina El País, una de las partituras más dificiles de la literatura pianística mundial: la suite “Iberia”, de Isaac Albéniz, completa, con sus cuatro cuadernos de obra endiablada, obligatoria para un intérprete español: "La “Iberia” es un doctorado para nosotros", asegura.

Será la primera vez que la toca completa en Madrid. Pero lleva dos años sumergida en esta explosión de ritmos, estilos, sutilezas y trampas que creó Albéniz a prncipios del siglo XX, y que supuso el mayor paso de modernización de la música española de la época: "Iberia” es la prueba del cosmopolitismo y la modernidad radical de su autor. Cuando la compone, Albéniz ya ha hecho óperas de vocación europea, no españolista, ha compuesto canciones en varios idiomas, quiere trascender los estilos que suelen etiquetar a los españoles, porque tiene esa capacidad camaleónica, de esponja que absorbe todas las tendencias.

"Es música de nuestro tiempo; la “Iberia” no está sujeta a esquemas ni corsés de épocas, como el clasicismo o el romanticismo, es como contemplar los palacios vieneses o el Guggenheim; no tiene ataduras rígidas, por eso te atrapa tanto", afirma. Lo hace de una forma que contagia el gusto por adentrarse en más riesgos. "Quiero dedicarme más a la música del siglo XX, a autores como Ligeti, Rachmaninov, Prokófiev, que ya he hecho, Stockhausen o Piazzolla. Y eso ha sido por efecto de la “Iberia”. He descubierto un territorio ideal para el intérprete. Nosotros somos recreadores, pero no debemos renunciar a nuestra libertad, y en esta música se pueden combinar muchas cosas", dice.

EL PAIS. Martes 11 de Noviembre 2003

(DE LARROCHA Y TORRES-PARDO RECIBEN LA MEDALLA ALBÉNIZ)

CAMPRODÓN. El Festival Internacional de Música Isaac Albéniz, que promueve el Ayuntamiento de Camprodón (Girona), ciudad natal del compositor de “Iberia”, entregó anteayer sábado las primeras medallas “Isaac Albéniz”, concedidas a las pianistas Alicia de Larrocha y Rosa Torres-Pardo. Ambas interpretaron composiciones del mítico músico nacido en 1860.

La música no está lejos de la medicina, nunca lo ha estado desde los tiempos antiguos. Y ello parece haberse reafirmado en Camprodón, con la presencia de la consellera de Sanitat de la Generalitat, MarinaGeli, que en nombre del Govern y de la Fundació “Isaac Albéniz” de Camprodón, presidió un emotivo acto en el que se concedió a la pianista Alicia de Larrocha la medalla “Albéniz”, en reconocimiento a su extensa labor de difusión de la música del destacado compositor catalán. Alicia de Larrocha suma así a sus méritos en el ámbito internacional este reconocimiento emotivo que quizá le recordara, en la noche del sábado, un 24 de agosto de hace ahora 19 años, cuando participó en la inauguración del festival que ahora le ha rendido homenaje, creado precisamente en el 125º aniversario del nacimiento de Albéniz.

Todas estas coordenadas y el entusiasmo de un público que se siente comprometido con el festival y aclamó a la pianista, se vieron complementadas con la audición de la suite “Iberia”, a cargo esta vez de Rosa Torres-Pardo, en una interpretación en la que reafirmó, con mayor expresión si cabe, con buen gusto y destreza técnica, la buena versión que hizo de esta difícil obra hace unos días en Peralada, y que ya comentamos: Torres-Pardo intensificó en Camprodón su capacidad de diálogo con la obra de Albéniz.

LA VANGUARDIA 16 de Agosto de 2004
Jorge de Persia

Notas al programa

Isaac Albéniz

Nació en Camprodón, Gerona, el 29 de mayo de 1860, y murió en Cambo les Bains el 18 de mayo de 1909. Albéniz es el fundador real de la música española contemporánea. Su vida responde, aunque tardíamente, al patrón de gran pianista romántico puesto en moda por Liszt. En primer lugar, el “niño prodigio”: a los cuatro años de edad da su primer concierto en el teatro Romea de Barcelona; a los seis intenta el ingreso en el Conservatorio de París –intento frustrado por una típica travesura de chiquillo-. Se escapa a los ocho años de su casa de Madrid para una pintoresca excursión de conciertos en Castilla, y hasta 1875, en que el conde de Morphy, secretario de Alfonso XII, le consigue una pensión para estudiar en Bruselas, su vida de concertista prodigio, increíble novela de aventuras, tiene por escenario España y América. Terminado su trabajo en el Conservatorio de Bruselas y realizada su ilusión de conocer a Liszt, lleva hasta 1893, fecha de su afincamiento casi definitivo en París, la vida del gran concertista que, como de paso, iba presentando sus obras de un españolismo pintoresco, de factura fácil, pero de exquisita musicalidad. Su extraordinaria simpatía, sus valores humanísimos, hacen de él una figura realmente singular y para muchos el prototipo del español ciento por ciento. En París reina entre la brillante constelación de los grandes músicos franceses, y se le nombra profesor de la Schola Cantorum fundada por los discípulos de César Franck. Un contrato con el banquero inglés Francis Money Couts garantiza la estabilidad económica de su vida, siempre de gran bohemia, pero le obliga a escribir música casi wagneriana para todo un ciclo de óperas. Bien es verdad que tampoco “San Antonio de la Florida” y “Pepita Jiménez”, obras líricas en las que sigue las huellas de Barbieri, le dieron éxito comparable al de sus innumerables composiciones para piano. En los últimos años de su vida se dedica a la composición de los Cuadernos de “Iberia”, mientras ve en Falla y en Turina la posibilidad de una gran escuela española, la soñada por Felipe Pedrell, de quien Albéniz se sentía admirador y discípulo.

Albéniz fue, plenamente, un autodidacto. Nunca logró asimilar una técnica definida y estable de la composición, pero acertó genialmente al contacto con el piano. Su primera época resume el estilo de “música de salón”, tan en boga entre la pequeña burguesía europea: son piezas bailables de no difícil fantasía, donde lo español, cuando aparece, es superficial. Más tarde, centra sus composiciones en torno a nombres característicos españoles: obras como “Mallorca”, “Granada”, “Sevilla” se destacan ya en toda la música española circundante, por su belleza pianística, por su acierto al intuir la esencia romántica de la música popular española de entonces. La falta de técnica le impide lograr una obra orquestal de importancia; sus mismas obras líricas, a pesar de rasgos de mucha belleza –recuérdese el arranque del preludio de “Pepita Jiménez”-, fallan en el conjunto por la misma razón.

El acierto genial y completo vive en los cuatro Cuadernos de “Iberia”. Todo el romanticismo español, tan huérfano de gran música, se reúne aquí. Es un “españolismo” soñado desde París, y esto no debe extrañar, ya que la música española romántica la hacen compositores no españoles. Desde París, pero queriendo a España –“su morena”, como él la llamaba- con un amor que se ahonda, se exalta y se irrita con el desastre de 1898. Con una intuición de pura raza, penetra desde la superficie del material pintoresco y turístico hasta la misma entraña de lo español, entendido en un noventa y nueve por ciento como “lo andaluz”. No es Albéniz un compositor folclorista, ni siquiera como discípulo de Pedrell. Más aún conoce poco Andalucía. Su “nacionalismo” lo es de raza y de alma. En “Iberia”, Albéniz funde de una manera muy personal las influencias que pudo vivir en el París de tránsito entre los dos siglos: la exacerbación “nacionalista” despertada por Liszt, el afán constructivo de la Schola Cantorum, el tardío romanticismo de Fauré –probablemente la música que más quería- y la aurora del impresionismo, más el peso de los consejos de Pedrell y la vitalidad de la música del “género chico”. La estructura formal de las piezas de “Iberia” es muy sencilla, casi reducida al esquema y contraste de danza y copla. La complicación virtuosística no la ve, como busca de lo brillante de por sí; aparece como consecuencia de una aglomeración armónica siempre expresiva, siempre levantada por un ritmo centelleante y una hermosa intuición melódica que recrea lo popular. A través de “Iberia” se hace la música española que oyen asombrados Falla y Turina. “Iberia” sigue permanentemente en el repertorio de todos los grandes pianistas. Debussy y Ravel pensaron en su orquestación, realizada parcialmente y con varia fortuna por Arbós, el gran camarada y amigo de la juventud de Albéniz.

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