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Filarmónica de Jalisco
Héctor Guzmán, director titular
Asier Polo, violonchelo

Domingo 28 de mayo, Teatro Degollado
Hora: 12:45 Hrs.

PROGRAMA

Danza No.3 de “Danzas Fantásticas”, de Joaquín Turina

Concierto para violonchelo y orquesta, de Edward Elgar
I- Adagio Moderato
II- Lento-Allegro molto
III- Adagio
IV- Allegro ma non troppo

Intermedio

Carmen Suite No.1 de Georges Bizet
I- Prélude
II- Intermezzo
III- Séguedille
IV- Les dragons d´Alcala
V- Les Toréadors

Carmen Suite No.2 de Georges Bizet
I– Marche des Contrebandiers
II- Habanera
III- Nocturne
IV- Chanson du Toréador
V- La Garde montante
VI- Danse bohéme

Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; esta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro. Leslie Hodge , quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos y al tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.

En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.

En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Héctor Guzmán
Director Titular

Héctor Guzmán es reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad. Sus actuaciones como director al frente de las orquestas más importantes de México: Filarmónica de la UNAM, Sinfónica de Xalapa, Filarmónica de Jalisco, Sinfónica del Estado de México, Sinfónica de Monterrey, Sociedad Filarmónica, así como las orquestas de San Antonio, Dallas, Tyler y San Angelo, en los Estados Unidos, y la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, han sido aclamadas por el público y la crítica.
En 1997 hizo su debut en Europa, al frente de la Collegium Orchestra de Praga, en la República Checa, y su debut en 1999 con la Filarmónica de Japón y el violinista Motoi Takeda, fue catalogado como uno de los “diez mejores conciertos del año” por la crítica japonesa. En el 2001 regresó a Japón para dirigir otra serie de conciertos, y ha sido invitado nuevamente para dirigir la misma orquesta en el 2003. Héctor Guzmán ocupa el puesto de director musical de tres orquestas profesionales en los Estados Unidos: Irving Symphony Orchestra, Plano Symphony Orchestra y, a partir de junio del 2002, de la San Angelo Symphony Orchestra.

Nacido en Fresnillo, Zac., estudió en el Conservatorio Nacional de Música de la ciudad de México, y posteriormente en la Southern Methodist University y la University of North Texas. Durante su brillante trayectoria en estas instituciones, fue nombrado “Valor Nacional Juvenil” por el gobierno de México y ganador en México del concurso nacional “Manuel M. Ponce”, y en los Estados Unidos, de los concursos de solistas de la Universidad de North Texas y la Universidad Metodista del Sur. En 1978 obtuvo para México el segundo lugar en el concurso de órgano de más prestigio en el mundo: el “Grand Prix de Chartres”, celebrado en Francia, siendo sus maestros Víctor Urbán y Robert Anderson.

Sus maestros de dirección orquestal incluyen a grandes figuras tales como Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Siena, Italia) y su gran amigo y maestro: Eduardo Mata.
En reconocimiento a su destacada labor a nivel musical, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios tales como la “Lira de Oro”, otorgada por el sindicato de Músicos de México; los premios “Meadows Fellowship” en Dallas y “Director per Excellence”, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry. Desde 1980 es miembro de la Sociedad Musical de Honor de los Estados Unidos, y en el año 2000 fue incluido en “Grandes Músicos del siglo XX”, publicación editada por el Instituto Biográfico Internacional en Cambridge, Inglaterra. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Asier Polo
Violonchelo

Nacido en Bilbao, realiza sus estudios musicales con los maestros E. Pascu, M. Kliegel e I. Moniguetti. Pronto destacó al obtener los primeros premios de violonchelo y Música de Cámara en los Concursos Nacionales de Juventudes Musicales (1987-1989).

Colabora como solista con la mayoría de orquestas españolas, destacando la gira por Sudamérica con la Orquesta Nacional de España y el maestro Frühbeck de Burgos; Orquesta de la Ópera de Niza, Orquesta Nacional de Burdeos, Orquesta de Cámara de Praga, Filarmónica de Basilea, Orquesta Filarmónica de Israel, Monterrey Symphony Orchestra (California) y Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI, con maestros de la talla de Frühbeck de Burgos, Christian Badea, Claus Peter Flor, Günther Herbig, A. Witt, K. Weise, Gómez Martínez, Maximiano Valdés etc…; invitado en Festivales como Quincena Musical de San Sebastián, Ohrid (Yugoslavia), Nantes (Francia), Omaggio a Roma (Italia), Expo de Lisboa, Festival Internacional de Música de Morelia (México), etc…

Ha compartido escenario con artistas de la talla de J.M. Colom, Gerard Caussé, Cuarteto Janacek, y Alfredo Kraus, quien le invitó en los últimos años de su carrera a colaborar como solista en sus conciertos, actuando en Maggio Fiorentino (Florencia), The Covent Garden (Londres), Zürich Tohnhalle, Musikverein Wien (Viena) etc…

Ha realizado diversos trabajos discográficos para los sellos Claves, R.T.V.E. Marco Polo, NAXOS, interpretando obras de diversos autores como los conciertos de Usandizaga, Villarojo, Escudero, Rodrigo etc…

Compositores como G. Ercoreca, Luis de Pablo y Antón García Abril, le han dedicado sus obras.

Cabe destacar su compromiso con la música actual, en especial con la española; impulsor de nuevas composiciones, interesándose por el repertorio ya escrito y desconocido para el gran público (T. Marco, C. Bernaola), compaginando todo esto con un gran repertorio de la literatura clásica, que abarca desde las Suites de Bach hasta nuestros días.

Ha sido galardonado con numerosos premios, entre los que cabe destacar “Ojo Crítico” de Radio Nacional (2002) y Premio Fundación C.E.O.E. a la Interpretación Musical (2004).

Así mismo, en diciembre de 2003 recibe el premio Fundación Coca-Cola España a la Interpretación Musical, instituido por la Fundación Confederación Española de Organizaciones Empresariales –CEOE-. Los premiados en anteriores ediciones son intérpretes de la talla de Joaquín Achúcarro, María Bayo, Nicanor Zabaleta o Jesús López Cobos.

Recientemente ha debutado, con gran éxito, en el Carnegie Weill de New York.
Entre sus próximos compromisos, incluyen conciertos con la Dresdner Philharmonie, Zagreb Philharmonic, Slovenian Philharmonic Orchestra, Orquesta Sinfónica de Bilbao, Orquesta Nacional de España, Orquesta Sinfónica RTVE, Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Orquesta de Euskadi, Orquesta Sinfónica de Castilla y León, entre otros.

Actualmente es profesor en el Centro Superior de Música del País Vasco.

Asier Polo toca un violonchelo Francesco Rugieri (Cremona 1689) adquirido con la colaboración de Banesto.

Notas al programa

Joaquín Turina

Nació el 9 de diciembre de 1882 en Sevilla, España y murió el 14 de enero de 1949 en Madrid, España.

Desde niño Turina se sintió atraído por la música y aunque su familia deseaba que estudiara medicina, el padre le permitió seguir la carrera musical. Entonces siguió cursos de piano con Enrique Rodríguez y de armonía con García Torres. La primera obra de importancia fue el ciclo sobre poemas de Rodríguez Marín llamado Las Coplas de la Pasión. Aprovechó todas las oportunidades de escuchar música en Sevilla, compuso con entusiasmo y en mayo de 1897 debutó como pianista. El éxito a nivel local motivó su viaje a Madrid con una partitura para una ópera sobre un tema bíblico, La Sulamita.

Si para un compositor establecido era difícil lograr una producción en el Teatro Real, para un joven provinciano era imposible. Sin embargo, Turina dio a conocer su ópera a músicos importantes, entre ellos a De Falla, con quien inició una extensa y gran amistad. Quedó impresionado por las zarzuelas del “género chico” y por los conciertos orquestales. Las ideas nacionalistas comenzaron a germinar en su mente. Asistió a veladas musicales y estudió piano en el conservatorio. Después de la presentación de una zarzuela, Fea y con Gracia, que tuvo una mediocre recepción, Turina viajó a París en 1905.

En la capital francesa se asoció con otros españoles y estudió con Moszkowski y D’Indy. Pero no pudo resistir la influencia de Debussy. La amistad con De Falla continuó y ambos se hicieron miembros de la Sociedad de Música Independiente. En 1907 apareció como pianista y compositor con el cuarteto Parent, mientras que en otro concierto presentó una obra que ya había publicado, el Quinteto con piano Op.1, un producto al estilo de Franck y la Schola Cantorum de D’Indy. Albéniz, que estuvo presente en ese concierto con De Falla, sugirió a Turina que buscara material en el folclore español.

Turina aceptó el consejo y compuso, como era su hábito, un poco cada día. Varias otras obras fueron bien recibidas, algunas en Madrid, y tras su graduación de la Schola Cantorum en 1913, tuvo lugar el primer hito de su carrera creativa. Arbós estrenó La Procesión del Rocío, y el éxito logrado en Madrid se repitió en París. En 1914 Turina y De Falla retornaron a España. Condujo a los Ballets Rusos y recibió un premio por la Sinfonía Sevillana, estrenada nuevamente con éxito por Arbós en 1920. Hasta el cierre del Teatro Real en 1925, Turina fue director del coro, y su ópera Jardín de Oriente fue presentada ahí.

En 1926 el Trío con piano Op.35 ganó el Premio Nacional de Música, y tras una visita a Latinoamérica, Turina fue nombrado profesor de composición en el Conservatorio de Madrid en 1930. Los años de la república fueron difíciles, ya que su familia estaba en contra. Fue perseguida por los republicanos durante la guerra civil, pero después de la guerra su prestigio se incrementó. Fue miembro de la Academia San Fernando, fundador de la comisión general de música del Ministerio de Educación y receptor de la Gran Cruz de Alfonso El Sabio.

Danzas fantásticas, poema sinfónico (Opus 22)

La obra fue compuesta para piano en 1920, en Madrid; Turina la orquestó en 1926. Consta de tres Danzas: la primera titulada Exaltación, es una vigorosa y animada jota (recordemos que esta popular danza de origen aragonés, en ¾, ha sido utilizada por la mayor parte de los compositores españoles –Granados, Albéniz y Falla sobre todo- y se sedujo a Liszt, Chabrier o Clinka, con su célebre Jota aragonesa. La segunda danza, que tiene funciones de movimiento lento, es un Ensueño, sobre el ritmo binario de zorcico vasco; la instrumentación es extremadamente refinada, influida por la estética debussysta. Orgía, otra vez rápida, constituye el final: “Alejémonos tanto como sea posible de las castañuelas tradicionales, y no busquemos material en los fuegos artificiales que se preparan todas las primaveras en Andalucía para los ingleses. Orgía se sitúa en el humilde y modesto patio de una casa de un barrio sevillano” (Turina). Esto nos dice en cuanto esta pieza va más allá del folklore comercial. Debe mucho a Iberia, de Albéniz, por el mordiente, el rigor rítmico, la firmeza del trazo y un ardor colorista, sin ninguna concesión al estilo deslavado de las “españolas”.

Sir Edward Elgar

Nació el 2 de junio de 1857 y murió el 23 de febrero de 1934. Su padre era almacenista de música y músico en Worcester; ya de niño sustituyó a su padre como organista. Los padres decidieron enviarle a Leipzig para que estudiara música, pero esto no pudo realizarse. En el año 1882 se hizo director de una orquesta de diletantes de Worcester, y a continuación siguió a su padre como organista (1885-1889). En este último año se casó con una hija de un general de brigada, la cual esperaba mucho de sus dotes musicales. La joven pareja se instaló en Londres durante unos años y a continuación regresó a la pequeña ciudad de Malvern, en el condado de Worcester (1981); aquí escribió Elgar durante los treinta años siguientes una serie de obras que le hicieron famoso. Más tarde vivieron en Hampstead (Londres). En 1901 escribió Elgar, para la coronación de Eduardo VII, la Oda oficial; con este motivo pasó a ser noble, y se llamó desde entonces Sir Edward Elgar. En cierta ocasión se le ha llamado “el Brahms inglés”; en realidad, debe mucho a este compositor.

Concierto para violoncelo y orquesta en mi menor (op. 85).

Ultima gran obra de Elgar, el Concierto para violoncelo y orquesta fue estrenado en Londres el 26 de octubre de 1919 por Félix Salmond, con el autor en el pupitre de dirección. La orquestación es más ligera y la expresión más condensada que el Concierto de violín. Tiene cuatro movimientos, pero dura mucho menos.

La obra comienza con un breve recitativo del violoncelo (Adagio). El primer movimiento propiamente dicho (Moderato), comienza con un tema indolente, expuesto por las violas y repetido por el solista. Un corto solo del violoncelo, con efectos de guitarra, conduce sin interrupción al segundo movimiento, un Allegro molto, en sol mayor, en forma libre de sonata, con ritmo de movimiento perpetuo y una orquestación puntillista (cuerda dividida y ligeros acordes de los metales). Sigue un corto Adagio en si bemol mayor, que se desarrolla en una amplia melodía y se detiene sobre la dominante. El final se encadena directamente y su introducción, especie de recitativo en si bemol menor, recuerda el comienzo de la obra y desemboca sobre el mayor de los cuatro movimientos, un Allegro ma non troppo en forma de rondó.

Georges Bizet

Nació en París el 25 de octubre de 1938; y murió en Bougival, cerca de París, el 3 de junio de 1875. Músico extraordinariamente dotado cuya carrera fue obstaculizada a la vez por sus propias indecisiones (su deseo de perfección le llevaba particularmente a dejar inacabadas muchas de sus partituras) y por las reacciones indiferentes, incluso hostiles, de sus contemporáneos (al autor de la ilustre Carmen se le llegó a acusar de wagnerismo). Estas acusaciones nos parecen hoy realmente singulares y nos hacen apreciar el juicio de un Nietzsche que, a la inversa, consideraba la música de Bizet como la encarnación de un arte “mediterráneo”, cosa que puede confirmar la audición en concierto de algunas de estas obras que viven gracias a su escritura a la vez límpida, sabia y pintoresca.

Bizet ha dejado para la orquesta un Obertura en la menor, dos sinfonías –la Sinfonía en do mayor y la Sinfonía Roma-, una Marcha fúnebre en si menor, una Pequeña suite sacada del ciclo de piano Juegos de niños, dos suites sacadas del melodrama La Arlesiana y la Obertura dramática Patria. En el repertorio corriente se conservan la Sinfonía en do mayor y las dos Suites de la Arlesiana; los juegos de niños y Patria se tocan muy raramente.

Carmen Suite No. 1, Georges Bizet

1.- Preludio (Allegro deciso): Sirve de obertura al melodrama y está compuesto de tres partes. Primero el tema, enérgico, unísono, de la Marcha de los Reyes (una melodía de un viejo villancico provenzal), que todos recordamos. Le siguen cuatro variaciones diferentemente instrumentadas. La segunda sección es una melodía sobre el motivo del Inocente y está tocada por el saxofón alto, un instrumento entonces de invención reciente, por lo que su empleo constituye una novedad. Finalmente podemos oír el tema de amor fatal del héroe, que expresan con pasión los violines.

2.- Minuetto (número 17 de la música para la escena, entreacto del tercer acto de la obra como “primer minueto”): una especie de schcerzo con un trío central y ritmo de danza popular (nueva intervención solista del saxofón). Contrastes dinámicos muy marcados, sobre todo el forte del comienzo y el pianíssimo conclusivo.

3.- Adagietto (número 19 de la música para la escena que acompaña el diálogo conmovedor del pastor Balthazar y la vieja Renaude, que, separados durante toda su vida, se confiesan al fin su amor de juventud y se abrazan): Está escrito en fa mayor, sólo para la cuerda con sordina, y no tiene más que treinta y cuatro compases. Es “una página que no tiene equivalente en toda la obra de Bizet… Un canto conmovedor y púdico. Un contrapunto en el que cada encuentro de notas agudiza la sensibilidad. Una música lacerada que se eleva un instante para volver a caer, fatigada, desalentada. Nunca se había confiado tanto Bizet a la música como aquí” (Jean Roy).

4.- Carillón (número 18 de la música para la escena que sigue inmediatamente a la ejecución del Primer minuetto”, y que acompaña la fiesta del tercer acto en el patio de Castelet): Un scherzo en el que se desarrolla un ostinato de campanas (sol sostenido/mi/fa sostenido para la trompa y el arpa) sobre una extensión de cincuenta y seis compases. Es digno de señalar el trío central en forma de siciliana –un Andantino en compás de 6/8-, que une dos flautas pastoriles a una armonía plenamente sabrosa. Resuena de nuevo el “carrillón”, se aproxima y termina la pieza con un fortíssimo.

Carmen Suite No. 2, Georges Bizet

1.- Pastoral (Número 7 de la música para la escena, la que abre el segundo cuadro, en el estanque de Vaccarés): Una melodía pegajosa a la que interrumpe un corto intermedio tocado por la flauta, el corno inglés y el fagot a la manera de una gaita. El sonido de un tamboril, asociado a las estridencias en eco del flautín, evoca una atmósfera muy familiar al auditor de Carmen.

2.- Intermezzo (Número 15 de la música, para la escena para el cuadro que tiene lugar en la cocina de Castelet): Página dramáticamente sombría, con una admirable melodía desarrollada por el saxofón. La parte media expresa con diferente luz la ternura que une a Frederi y Vivette, su amiga de la niñez, opuesta al tema del amor desesperado del joven por la Arlesiana (que podemos escuchar en el Preludio de la Suite número 1) “Es admirablemente bello, elocuente, desgarrador… Mi corazón se hincha como una esponja”, escribía Daudet al compositor.

3.- Minuetto (Extraído por Guiraud del tercer acto de la ópera La bella muchacha de Perth): Solo de flauta reforzado seguidamente por el óboe sobre acordes quebrados del arpa. El saxofón, por iniciativa de Guiraud, interviene en la repetición. Esta pieza es la menos convincente de toda la partitura.

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