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| Programa general | Teatro Degollado |
Filarmónica de Jalisco
Héctor Guzmán, director titular
Joaquín Achúcarro, piano
Viernes 26 de mayo, Teatro Degollado
Hora: 20:30 Hrs.
PROGRAMA
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Concierto para piano y orquesta en Sol, de Maurice Ravel
I.- Allegremente
II- Adagio
III- Presto
“Noches en los Jardines de España”, de Manuel de Falla
I- En el Generalife
II- Danza lejana
III- En los jardines de la sierrav de Córdoba
Intermedio
Carmen Suite No.1 de Georges Bizet
I- Prélude
II- Intermezzo
III- Séguedille
IV- Les dragons d´Alcala
V- Les Toréadors
Carmen Suite No.2 de Georges Bizet
I– Marche des Contrebandiers
II- Habanera
III- Nocturne
IV- Chanson du Toréador
V- La Garde montante
VI- Danse bohéme |
Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; esta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.
En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro. Leslie Hodge , quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos y al tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.
En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.
En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.
Héctor Guzmán
Director Titular
Héctor Guzmán es reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad. Sus actuaciones como director al frente de las orquestas más importantes de México: Filarmónica de la UNAM, Sinfónica de Xalapa, Filarmónica de Jalisco, Sinfónica del Estado de México, Sinfónica de Monterrey, Sociedad Filarmónica, así como las orquestas de San Antonio, Dallas, Tyler y San Angelo, en los Estados Unidos, y la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, han sido aclamadas por el público y la crítica.
En 1997 hizo su debut en Europa, al frente de la Collegium Orchestra de Praga, en la República Checa, y su debut en 1999 con la Filarmónica de Japón y el violinista Motoi Takeda, fue catalogado como uno de los “diez mejores conciertos del año” por la crítica japonesa. En el 2001 regresó a Japón para dirigir otra serie de conciertos, y ha sido invitado nuevamente para dirigir la misma orquesta en el 2003. Héctor Guzmán ocupa el puesto de director musical de tres orquestas profesionales en los Estados Unidos: Irving Symphony Orchestra, Plano Symphony Orchestra y, a partir de junio del 2002, de la San Angelo Symphony Orchestra.
Nacido en Fresnillo, Zac., estudió en el Conservatorio Nacional de Música de la ciudad de México, y posteriormente en la Southern Methodist University y la University of North Texas. Durante su brillante trayectoria en estas instituciones, fue nombrado “Valor Nacional Juvenil” por el gobierno de México y ganador en México del concurso nacional “Manuel M. Ponce”, y en los Estados Unidos, de los concursos de solistas de la Universidad de North Texas y la Universidad Metodista del Sur. En 1978 obtuvo para México el segundo lugar en el concurso de órgano de más prestigio en el mundo: el “Grand Prix de Chartres”, celebrado en Francia, siendo sus maestros Víctor Urbán y Robert Anderson.
Sus maestros de dirección orquestal incluyen a grandes figuras tales como Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Siena, Italia) y su gran amigo y maestro: Eduardo Mata.
En reconocimiento a su destacada labor a nivel musical, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios tales como la “Lira de Oro”, otorgada por el sindicato de Músicos de México; los premios “Meadows Fellowship” en Dallas y “Director per Excellence”, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry. Desde 1980 es miembro de la Sociedad Musical de Honor de los Estados Unidos, y en el año 2000 fue incluido en “Grandes Músicos del siglo XX”, publicación editada por el Instituto Biográfico Internacional en Cambridge, Inglaterra. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.
Joaquín Achúcarro
piano
Nacido en Bilbao, Joaquín Achúcarro demostró a temprana edad un definitivo talento para la música, pero siguiendo la tradición científica de su familia, ingresó en la Universidad en la carrera de Física. Sin embargo, una vez allí decidió abandonar la Ciencia y dedicarse definitivamente a su vocación musical.
Durante el año siguiente ganó los dos premios españoles más importantes, trasladándose más tarde a la famosa Accademia Chigiana de Siena (Italia), donde le fue concedido el premio al mejor alumno de todas las disciplinas musicales y más tarde el título de Accadémico ad Honorem de dicha Academia, título creado exclusivamente para él.
En un corto período de tiempo ganó la Primera Medalla del Concurso Internacional de Ginebra y el Primer Premio del Concurso Internacional Viotti de Vercelli, Italia, pero no sintiéndose aún preparado para comenzar la carrera como concertista, continuó su trabajo para conseguir un conocimiento más profundo de la música en Alemania, Suiza y más intensamente en Viena y Salzburgo.
Su triunfo en el Concurso Internacional de Liverpool en 1959 - que en la edición anterior y en la modalidad de dirección de orquesta había sido ganado por Zubin Mehta, le lleva a debutar en Londres con la London Symphony Orchestra el año siguiente, obteniendo la Medalla “Harriet Cohen” al Mejor Debut del Año.
Desde entonces, Joaquín Achúcarro ha recorrido 58 países, actuando en recitales y con 202 orquestas diferentes, tales como: Berlin Philharmonic, New York Philharmonic, Chicago, Los Angeles Philharmonic, London Philarmonic, Cincinnati, Dallas, London Symphony, New Philarmonia, Hallé, City of Birminghan, Royal Liverpool, Royal Scottish, National de France, RTE Berlín, Yomiuri de Tokio, Western Australian, RIAS Berlín, Hamburg, Stuttgart, Düsseldorf, RT Luxemburg, Sta. Cecilia de Roma, RAI Milano, La Fenice de Venecia, Filarmónica Hungárica, Nacional de España, de Chile, de México, etc., colaborando con una impresionante lista de 332 directores, entre ellos Abbado, Boult, Chailly, Dutoit, Mata, Mehta, Menuhin, Ozawa, Rattle, Weller, etc., y la casi totalidad de directores españoles, lista que sigue creciendo. Achúcarro actúa también como solista-director, lo que le ha servido para crear lazos de amistad con varias orquestas de cámara británicas, alemanas, italianas y españolas.
Sus grabaciones discográficas incluyen 20 títulos. Las más conocidas: Goyescas de Granados y la obra completa de Manuel de Falla, incluyendo las Noches en los Jardines de España y el Concierto de Clavecín, con la London Symphony, y Eduardo Mata, para BMG-RCA. Ha grabado para SONY su propia versión del Concierto para Piano de Rodrigo con la Orquesta de Valencia y Manuel Galduf. Sus últimos CDs, tres recitales: uno dedicado íntegramente a Brahms, otro llamado La Nuit (que fue premiado como el mejor Recital del año 2001 por la revista CD Compact) y un tercero dedicado a música de piano solo para Ravel (para la casa ENSAYO), han tenido una acogida entusiasta de crítica y público, así como el de la compañía suiza CLAVES, con los dos Conciertos para Piano de Ravel, con la Orquesta de Euskadi y Gilbert Varga. Sus últimas grabaciones lanzadas en 2005, incluyen Kreisleriana op.16 de Schumann y Fantasie op.17, bajo etiqueta de ensayo, y también los sus años 80 viven las grabaciones del 2o piano Concerto de Bartok, y de Paganini, Rhapsody de Rachmaninoff con la orquesta de RTVE dirigida por de Gomez Martinez. Con los expedientes de Claves él ha registrado los concertos del piano del enmarañamiento dos, con la Orquesta de Euskadi bajo la batuta de Gilbert Varga. Bajo etiqueta de Ensayo, las grabaciones adicionales incluyen La Nuit , un decreto de Brahms y un decreto del Enmarañamiento, que incluye su funcionamiento altamente aclamado de Gaspard de la Nuit.
Es Profesor de los Cursos Internacionales de Verano de la Accademia Chigiana de Siena (Italia), y desde septiembre de 1989 ostenta la Cátedra Especial Estes Tate de la Southern Methodist University de Dallas (USA), combinando sus períodos de enseñanza con su denso calendario de conciertos. En los últimos tres años, sus alumnos, de diversas nacionalidades, han ganado 14 Primeros Premios en importantes Concursos Internacionales, incluido el ganador de la 2000 Leeds International Piano Competition.
Es Comendador de Número de la Orden de Isabel la Católica, Premio Nacional de Música 1992, Medalla de Oro del Mérito en las Bellas Artes 1995, Ilustre de Vizcaya 1996, Premio Larios 1997, concedido por la CEOE a la “Excelencia en su Interpretación Musical”; Medalla de Honor del Festival de Granada 1998; fue nombrado por la UNESCO en París, “Artist for Peace 2000”, en “reconocimiento a su extraordinaria labor artística”, “Personaje del Año 2001”, de la SMU de Dallas, USA. En Mayo de 2003 se le concede en España la Gran Cruz del Mérito Civil.
Críticas
"He oído solamente este sonido a Rubinstein"
Zubin Mehta
"Hay algo especial con Achúcarro. Muy pocos músicos pueden extraer esta clase de sonido del piano”
Sir Simon Rattle |
Notas al programa
Concierto para piano y orquesta en sol mayor, de Maurice Ravel
De los dos conciertos para piano, concebidos simultáneamente hacia fines de 1929, éste fue terminado un poco antes, en el otoño de 1931. Se estrenó el 14 de enero de 1932 en París, en los conciertos Lamourex (Sala Pleyel) bajo la dirección del compositor (por otro lado, un mal director de orquesta), con Marguerite Long como solista. Inmediatamente Ravel comenzó una gran gira con su intérprete a través de Europa, presentando la obra con gran éxito en todas partes.
La orquesta, muy “clásica” (y menos cargada que la del Concierto para la mano izquierda), comprende los siguientes instrumentos: las maderas a dos, dos trompas, una trompeta, un trombón, timbales, percusión (con tam-tam), un arpa y el quinteto de cuerda. Duración media de la ejecución: de diecinueve a veintidós minutos.
Ravel deseaba primero llamar a la obra “divertimento”, y es verdad que el virtuosismo de la escritura pianística no tiene comparación con el de la orquesta (especialmente los instrumentos de viento). Además el maestro quería valorar la estructura clásica del género, y en sus propósitos se refirió tanto a Mozart (su modelo absoluto en lo formal) como a Saint Saëns (el efecto brillante). También podemos encontrar la influencia del jazz, aunque sea más marcada en el Concierto para la mano izquierda: “Los dos conciertos reflejan la vida rápida, versátil, turbulenta de la América del Norte, que ha hecho tan profunda impresión sobre el espíritu sensible de Ravel”. (El compositor había efectuado un viaje de cinco meses por Estados Unidos en 1928). El Concierto en sol tiene tres movimientos separados: Allegremente, Adagio assay y Presto.
1.- Allegremente.- (Compás de 2/2 en sol mayor): Confiado a la flauta píccolo, el tema inicial de este primer movimiento, que sigue el ritmo alegre de una danza rústica, se desarrolla con animación sobre los sonidos en pizzicato de los violines y de las violas, sostenido por los trémolos de los violoncelos y un redoble de tambor que está en los límites de lo audible, casi impalpable. El piano está ya ahí, charlando en arpegios que se superponen en dos tonalidades, sol mayor y fa sostenido mayor; este efecto de bitonalidad, pese a su discreción, es suficiente para reforzar la agresividad de la atmósfera. Un crescendo marcial, glissandi en el piano y vuelve el tema inicial clamado esta vez por las trompetas, se eleva un instante en la tonalidad de si menor y deja el sitio al corno inglès, cuyo breve solo preludia la entrada del piano. El solista comienza con un tema languideciente, con un movimiento menos vivo y su ritmo sincopado le emparenta con el jazz, pero sus acentos no tendrán esta vez la violencia que tendrán los del Concierto para la mano izquierda. Contrariado primero por el clarinete y la trompeta y después por la trompa, el canto del piano es repetido seguidamente por los instrumentos de viento, pero esta vez es el solista el que se interpone, lanzándose a una especie de desarrollo, en una carrera desenfrenada de corcheas que sus acompañantes se esfuerzan por igualar. Un largo pasaje del piano y aparece de nuevo, repetida por la orquesta y con una orquestación modificada, la danza del comienzo, que nos conduce a una nueva entrada del instrumento solista y después a dos cadencias, una casi irreal debido a la variedad de colores del arpa y la otra confiada a los instrumentos de madera. El piano no vuelve a emprender su melodía, en mi mayor esta vez, que acompaña con trinos de la mano izquierda; la orquesta se une a él y, después de un descenso en flecha, el solista recomienza a patalear con mayor rabia. La orquesta termina por encontrar el canto del comienzo en la tonalidad inicial de sol mayor, antes de llegar a una escala de acordes perfectos; pero el piano tendrá la última palabra: mientras los demás instrumentos siguen en la tonalidad de sol mayor, él impone para sí mismo un modo diferente, el modo oriental del cante flamenco.
2.- Adagio.- Assai (En mi mayor, compás de ¾): Si Ravel se ha complacido en decir que en esta obra deseaba respetar la forma clásica del concierto, aquí persiste en esta afirmación y toma como modelo el movimiento lento del Quinteto para clarinete de Mozart. Durante treinta y cuatro compases, el piano despliega en solista una melodía en ¾ en la mano derecha, acompañado en la mano izquierda por un ritmo obstinado en 3/8.
Toda la belleza de este movimiento está basada, de hecho, en la ambigüedad rítmica y las extrañas armonías o las disonancias, que aportan a esta página tan diversas coloraciones. Un trino y el piano espera a sus acompañantes, flauta, oboe y clarinete. Continúa su melopea guardando su ritmo inmutable en la mano izquierda: los oboes y las trompas subrayan sus quejas. El diálogo con la orquesta se hace cada vez más tenso, pero el piano continúa sus seisillos hasta llegar a un fortíssimo en sol sostenido menor, inquietante sobre un bajo de sol becuadro, antes de volver a descender hasta la tonalidad inicial. Es entonces cuando el corno inglés recoge la melodía del solista, que le acompañará hasta el fin con fusas de una delicada fluidez. Precedido de un canto murmurado por la flauta con una extrema dulzura, el sonido del piano se desvanece definitivamente sobre un trino que pone punto final a este lejano ensueño.
3.- Presto.- (En sol mayor, compás de 2/4): Cuatro acordes golpeados y el piano comienza su carrera infernal. Tres temas emergen, separados por los fatídicos golpes: primero una persecución del piano en semicorcheas, midiéndose con el clarinete, la flauta píccolo y el trombón; después, un motivo de inspiración folklórica en el cual el solista hace prueba de una alegre volubilidad; finalmente, una autoritaria marcha, ritmada por las trompas y las trompetas y repetida por el piano. Durante el desarrollo, en el cual el fagot se activa con vehemencia, todos estos temas sufren evidentemente múltiples transformaciones, pero es en definitiva el piano el que gana esta loca carrera después de un largo pasaje que precede, conclusión inevitable, a los cuatro ásperos acordes.
Obra original entre todas (con, por ejemplo, en el último movimiento, inesperadas innovaciones en el tratamiento de la forma sonata), el Concierto en sol sigue siendo una de las obras maestras de Ravel: A la investigación en la escritura pianística, a la lujuria de su orquestación, se añade la tensión dramática proveniente del contraste entre la inefable poesía del movimiento lento y la audacia y el fuego de los movimientos extremos. Equilibrado, atractivo, escondiendo la habilidad técnica bajo una expresión verdadera, se comprende fácilmente que la obra figure regularmente en las carteleras de los conciertos.
Manuel de Falla
Nació en Cádiz el 23 de noviembre de 1876; murió en Alta Gracia, Argentina, el 14 de noviembre de 1946 (pero fue enterrado en la cripta de la Catedral de Cádiz). Andaluz por su padre, catalán por su madre, es un auténtico representante de la música española de este siglo. Sin embargo, de 1907 a 1914 vivió en París, donde sufrió la influencia de sus amigos Debussy –del que siempre estuvo más cerca-, Dukas y Ravel. Su preocupación por la forma, la concisión de la expresión (aún sometida al espíritu del folklore andaluz), la claridad, la sobriedad de la instrumentación, hacen de De Falla un “clásico”. Su producción no es precisamente inmensa y en ella tiene un lugar muy importante la voz, incluso en sus obras de música instrumental. Cuenta con dos ballets: El amor brujo y El sombrero de tres picos, que se dan a menudo en concierto en sus versiones sinfónicas, y las no menos célebres Noches en los jardines de España y la suite para orquesta Homenajes, que se suele escuchar con menos frecuencia.
Noches en los jardines de España, impresiones sinfónicas para piano y orquesta
Obra escrita entre 1911 y julio de 1915, o sea durante el período parisino del compositor, pero acabada durante una estancia en Barcelona. En principio iban a ser tres “nocturnos” para piano, por lo que las “Noches en los jardines de España” no tiene en absoluto la forma de un concierto, a despecho de su división tripartita. “Impresiones sinfónicas”, como indica el título, en las que la escritura pianística se inspira evidentemente en la guitarra (abundancia de arpegios y de trinos), creando la orquesta un halo sonoro indeciso, salvo en el último movimiento, en el que los colores son más claros y más frescos. La partitura, que lleva el sello de las influencias francesas sufridas por De Falla, se inscribe en la posteridad inmediata de la Iberia de Debussy ( especialmente “Perfumes en la noche”) y del “Nocturno” de la Rapsodia Española de Ravel. Fue estrenado el 9 de abril de 1916 en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós (su comanditario), con José Cubiles al piano (aunque el dedicatorio fue Ricardo Viñes, íntimo amigo del músico).
Carmen Suite No. 1, Georges Bizet
Nació en París el 25 de octubre de 1938; y murió en Bougival, cerca de París, el 3 de junio de 1875. Músico extraordinariamente dotado cuya carrera fue obstaculizada a la vez por sus propias indecisiones (su deseo de perfección le llevaba particularmente a dejar inacabadas muchas de sus partituras) y por las reacciones indiferentes, incluso hostiles, de sus contemporáneos (al autor de la ilustre Carmen se le llegó a acusar de wagnerismo). Estas acusaciones nos parecen hoy realmente singulares y nos hacen apreciar el juicio de un Nietzsche que, a la inversa, consideraba la música de Bizet como la encarnación de un arte “mediterráneo”, cosa que puede confirmar la audición en concierto de algunas de estas obras que viven gracias a su escritura a la vez límpida, sabia y pintoresca.
Bizet ha dejado para la orquesta un Obertura en la menor, dos sinfonías –la Sinfonía en do mayor y la Sinfonía Roma-, una Marcha fúnebre en si menor, una Pequeña suite sacada del ciclo de piano Juegos de niños, dos suites sacadas del melodrama La Arlesiana y la Obertura dramática Patria. En el repertorio corriente se conservan la Sinfonía en do mayor y las dos Suites de la Arlesiana; los juegos de niños y Patria se tocan muy raramente.
1.- Preludio (Allegro deciso): Sirve de obertura al melodrama y está compuesto de tres partes. Primero el tema, enérgico, unísono, de la Marcha de los Reyes (una melodía de un viejo villancico provenzal), que todos recordamos. Le siguen cuatro variaciones diferentemente instrumentadas. La segunda sección es una melodía sobre el motivo del Inocente y está tocada por el saxofón alto, un instrumento entonces de invención reciente, por lo que su empleo constituye una novedad. Finalmente podemos oír el tema de amor fatal del héroe, que expresan con pasión los violines.
2.- Minuetto (número 17 de la música para la escena, entreacto del tercer acto de la obra como “primer minueto”): una especie de schcerzo con un trío central y ritmo de danza popular (nueva intervención solista del saxofón). Contrastes dinámicos muy marcados, sobre todo el forte del comienzo y el pianíssimo conclusivo.
3.- Adagietto (número 19 de la música para la escena que acompaña el diálogo conmovedor del pastor Balthazar y la vieja Renaude, que, separados durante toda su vida, se confiesan al fin su amor de juventud y se abrazan): Está escrito en fa mayor, sólo para la cuerda con sordina, y no tiene más que treinta y cuatro compases. Es “una página que no tiene equivalente en toda la obra de Bizet… Un canto conmovedor y púdico. Un contrapunto en el que cada encuentro de notas agudiza la sensibilidad. Una música lacerada que se eleva un instante para volver a caer, fatigada, desalentada. Nunca se había confiado tanto Bizet a la música como aquí” (Jean Roy).
4.- Carillón (número 18 de la música para la escena que sigue inmediatamente a la ejecución del “Primer minuetto”, y que acompaña la fiesta del tercer acto en el patio de Castelet): Un scherzo en el que se desarrolla un ostinato de campanas (sol sostenido/mi/fa sostenido para la trompa y el arpa) sobre una extensión de cincuenta y seis compases. Es digno de señalar el trío central en forma de siciliana –un Andantino en compás de 6/8-, que une dos flautas pastoriles a una armonía plenamente sabrosa. Resuena de nuevo el “carrillón”, se aproxima y termina la pieza con un fortíssimo.
Georges Bizet

Carmen Suite No. 2, Georges Bizet
1.- Pastoral (Número 7 de la música para la escena, la que abre el segundo cuadro, en el estanque de Vaccarés): Una melodía pegajosa a la que interrumpe un corto intermedio tocado por la flauta, el corno inglés y el fagot a la manera de una gaita. El sonido de un tamboril, asociado a las estridencias en eco del flautín, evoca una atmósfera muy familiar al auditor de Carmen.
2.- Intermezzo (Número 15 de la música, para la escena para el cuadro que tiene lugar en la cocina de Castelet): Página dramáticamente sombría, con una admirable melodía desarrollada por el saxofón. La parte media expresa con diferente luz la ternura que une a Frederi y Vivette, su amiga de la niñez, opuesta al tema del amor desesperado del joven por la Arlesiana (que podemos escuchar en el Preludio de la Suite número 1) “Es admirablemente bello, elocuente, desgarrador… Mi corazón se hincha como una esponja”, escribía Daudet al compositor.
3.- Minuetto (Extraído por Guiraud del tercer acto de la ópera La bella muchacha de Perth): Solo de flauta reforzado seguidamente por el óboe sobre acordes quebrados del arpa. El saxofón, por iniciativa de Guiraud, interviene en la repetición. Esta pieza es la menos convincente de toda la partitura.
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