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| Programa general | Ex Convento del Carmen |
Joel Juan Qui
Piano
“Música para piano de Hermilio Hernández López”
Concierto Martes 30 de mayo, Sala Higinio Ruvalcaba
Hora: 20:30 Hrs.
PROGRAMA
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Sonatina 1 (1955)
Diez Preludios sobre la poesía de González León
Sonatina 2 (1969)
De Profundis
Seis Bagatelas
Seis Invenciones
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Joel N. Juan Qui Vega
pianista
Pianista mexicano de ascendencia china, originario de Culiacán, Sinaloa, México. Estudió en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, con la maestra Leonor Montijo y el pedagogo alemán Friedemann Kessler. Obtuvo su grado de pianista en la Escuela de Música de la Universidad de Guanajuato, con la maestra Lourdes Ruzsa. Ha sido discípulo de los maestros Manuel Delaflor, María T. Rodríguez, Fritz Steinegger y Alla von Buch. Así mismo, ha ejecutado exitosamente concierto en la República Popular de China, con programas de música clásica mexicana y china. Actualmente es catedrático del Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara.

De Profundis
Iniciar un proyecto de honduras anímicas y estéticas insospechadas, sólo nos predispone un horizonte venidero donde las metas inmediatas se realizan y se alejan paulatinamente para dejar abierta la brecha de nuevas más. Y me atrevo a decir insospechadas, pues el hecho de haber interpretado un par de obras de Hermilio Hernández no es suficiente para sumergirse en las profundidades de la intención creativa de este singular y magnífico compositor. Hay que dialogizar con el interior de una vida pletórica de experiencias filosóficas, históricas, musicales y humanísticas en el transcurso de décadas, que sumadas a la experiencia obtenida en la confluencia de dos continentes, forjan el sello indiscutible de la personalidad musical de un notable jalisciense originario de Autlán de Navarro.
Personalmente, me congratulo por haber pertenecido a una generación de estudiantes que recibió la cátedra de Hernández, pretexto extraordinario para comenzar una comunión con un género musical para mí entonces no muy explorado (1986). Sin embargo, la oportunidad llegó a mis manos y heme aquí con la ardua tarea de recrear las intenciones de un genio místico que, en vida, me ha legado una porción de sus secretos para intentar comprender los episodios de su magnífica producción: sonatinas, preludios, temas transfigurados, bagatelas, berceuses, estudios, invenciones, piezas diversas, su concierto para piano…
Pero, ¿qué es De Profundis? ¿Qué significado tiene De Profundis en la vida musical de México? ¿Por qué grabar la obra de Hermilio Hernández?
De profundis clamavit ad Te, Domine. Domine exaudi vocem meam. Fiant aures Tuae intendentes in vocem deprecationis meae (De lo profundo, oh! Señor, a ti clamo; Señor, escucha mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica); Salmo 129.
Navegar por los océanos cuya espuma salobre cristaliza intenciones dulcineas, imprime desde ya una página importante en la historia musical de nuestro país; De Profundis es el primer volumen de la compilación integral registrada en formato de audio de la obra para piano de Hermilio Hernández. Es una aventura llena de anécdotas, sucesos distintos, emociones encontradas, acuciosos desvelos, criterios exasperados y, sobre todo, un gran cúmulo de interés y amor desmedido por sus disímbolos Opus.
La idea parte de un sentimiento profundo por dar a conocer los contenidos de cada nota a todo el mundo, a todos ustedes. Esta maravillosa aventura no la realicé solo. Se incluye un importante número de mentes y espíritus creadores que, con el desinterés más insólito inimaginable, se integraron a esta obra. Y es precisamente desde lo profundo de nuestra alma, que les brindamos De Profundis. Sea pues en completa atmósfera de respeto y admiración, un reconocimiento a quien deja desde ya una huella indeleble por el paso de la vida cultural de nuestra ciudad, nuestro Estado; nuestro México.
Es algo complejo poder explicarles, o poder decirles en breves palabras el por -qué de esta propuesta. Los significados que tienen para mí la obra de Hernández, lograron despertar paraísos anímicos policromos, de esencias religiosas, de luces antiguas, de sabores abstractos, de vientos hinchados por los designios eternos que han labrado una historia de vida pletórica de cristales diáfanos. Hernández significa, para mí, una voz que debe ser escuchada con sumo respeto por generaciones.
La composición De Profundis se origina en el acto más sincero de amistad y respeto por la vida de un amigo: Hermilio Hernández me comentó que Ignacio Arreola Haro, gran dramaturgo de nuestro Estado e íntimo amigo de él, le encargó una composición. Sin embargo, el destino jugó su última movida arrancando de entre nosotros su existencia, y de esta forma la composición que se intitula con este salmo, pasa a formar un homenaje de Requiem eternam a la memoria de un ser querido; el último adiós.
No sólo es un significado, ni solo es una intención la que me invitaron a realizar esta grabación. Es el entusiasmo primigenio de hacer vivir la memoria de un ser que ha trascendido épocas y fronteras. Es un homenaje en vida a quien -como dice Eusebio Ruvalcaba1 -, es maestro de la melodía fina y decantada. Es un homenaje a mi maestro Hermilio Hernández López.
Joel N. Juan Qui Vega
Guadalajara, Jalisco a 3 de febrero de 2006
Notas al Programa
Hermilio Hernández
Pianista, organista, compositor y pedagogo, Hermilio Hernández nació en Autlán de Navarro, Jalisco, el 2 de febrero de 1931. Muy joven se trasladó a Guadalajara, donde recibió la licenciatura en órgano y canto gregoriano en la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra, en la cual fue alumno del presbítero Manuel de Jesús Aréchiga (piano y órgano), de José S. Valadez (canto gregoriano) y de Domingo Lobato (composición). En 1943 compuso su primera obra, Serenata para piano.
Entre 1949 y 1956 actuó como pianista recitalista y miembro de conjuntos de cámara. Durante varios años se presentó a dúo con el violinista y también compositor Manuel Enríquez (1926-1994) y estrenó varias obras de éste. Recién graduado, en 1956 recibió una beca para continuar su formación en el Instituto Pontificio de Roma, en el cual cursó los magisterios en órgano y composición, y la licenciatura en canto gregoriano. Participó por tres años consecutivos en los cursos de verano de la Accademia Chigiana de Siena, bajo la dirección de los maestros Vito Frazzi (composición) y Fernando Germani (órgano). Allí estrenó su Sonata para orquesta de cámara y sus cuatro canciones con textos de San Juan de la Cruz. Durante 1960 estudió improvisación al órgano en el Instituto Gregoriano de París, bajo la guía de Edouard Soubervielle. De regreso en Guadalajara, fue nombrado profesor en la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra y en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara.
En este último plantel impartió las cátedras de armonía, contrapunto y forma musical durante más de veinte años, hasta su jubilación. Asimismo, fue director académico de esa escuela de 1974 a 1977. En sustitución del Padre Aréchiga, fue designado organista titular de la catedral de Guadalajara, donde ha encabezado festivales internacionales de órgano y ha dado a conocer obras suyas y de otros compositores mexicanos. Desde 1996 ha dirigido el Taller de Creación Musical del Municipio de Zapopan. En 1958 le fue otorgado el Premio Jalisco por parte del gobierno de este Estado, y en 1992 y 93 obtuvo la beca del programa para creadores con trayectoria, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México. En 1993 recibió un homenaje por parte del municipio de Autlán, que lo nombró “Hijo Distinguido” y bautizó con su nombre al auditorio municipal.
En la discografía con su obra se encuentra su Concierto para piano y orquesta grabado en 1989 por la Orquesta Filarmónica de Jalisco (Dir. Manuel Jorge de Elías), y su Sonata para violín y piano, grabada en 1997 por Sava Latsanich y Patricia García Torres. En 2005 es la primera ocasión en que se graba, en un proyecto integral, su obra para piano, gracias a la iniciativa del maestro Joel Juan Qui.
La obra para piano de Hermilio Hernández
Comentar un libro en un premio conlleva al juego dialéctico y la coherencia. Comentar una música o un poema es violentarlos, es ir en contra suya, de alguna manera. La única salvación posible de ese comentario es que su empuje obedezca al deseo de la invitación, al apremio de la cortesía o al entusiasmo del cortejo, sabiendo que no puede hacer en ello algo de materia musical.
A esa prerrogativa se acogen las siguientes notas.
En primer lugar, resulta inevitable distinguir al compositor en la culminación de un largo y complicado proceso de perfeccionamiento técnico y refinamiento poético, acumulado en Jalisco durante los siglos XIX y XX. Las constantes con las mismas que pueden apreciarse en las venas de la historia social de esa región: la fe religiosa (específicamente católica), la identidad con la tradición hispánica y el conservadurismo de las estructuras, frente a las fuerzas de lo nuevo, desde le charme francais de la era porfiriana, hasta el progreso estructuralista tomado del molde norteamericano, transitando por sentimientos contradictorios en el reconocimiento de su pasado indígena de indestructible presencia.
Aún pudiera ironizarse que, en un bucle de ese remolino, Hermilio Hernández ya existió (como cada uno y todos los hombres), y que esa existencia previa ocurrió sin la plenitud del ahora, y que ese hombre fue Benigno de la Torre (1854-1912). Una explicación para tan increíble trama urge por sí sola: De la Torre llega de un lugar cercano a Guadalajara, donde es discípulo del organista titular de la catedral, quien le transmite la gramática estricta del canto gregoriano y la liturgia y las antiguas fórmulas modales. Su maestro logra enviarlo a Francia para completar los estudios. A su regreso, el joven Benigno se consagra a la composición, el concertismo y la enseñanza impartida en una academia musical fundada por él mismo. Poco después De la Torre muere en circunstancias penosas, dejando inconclusa su tarea creativa y pedagógica. La identificación puede concluirse con un detalle fisiopsicológico: una fotografía de De la Torre fechada en 1912, reproduce un rostro asombrosamente parecido al de Hermilio Hernández en la edad equivalente y en su carácter típico. El pelo cano prematuro, el mentón corto y rígido, la boca severa, la mirada punzante, la circunspección diaconal. Cabe decir que el maestro Hernández irá a tocar, innumerables horas, las teclas del mismo órgano Merklin que tocaba De la Torre en la Catedral de Guadalajara, y que también aquél enseñará durante muchos años en la escuela creada por éste, si bien en distintos escenarios.
Cuanto más se repase esta ficción, más resaltarán las enormes diferencias que hay en la producción musical de uno y otro. Ambos han sido llamados “conservadores”. De la Torre murió justo cuando emprendía el desafío de una nueva música (Oceánica, 1911, música para cine). Hernández ha completado el último tramo de una construcción oculta. Una nueva música hecha con distintas posiciones de antiguos esquemas armónicos. Comprender este hecho es comenzar a entender la actitud suya en el más allá de la vanguardia. Ni él ni De la Torre rompen el piano ni jalan sus cuerdas. Los dos pulsan sus teclas. El primero no se atreve a alzar la voz; el segundo tampoco. Los dos claman con el espíritu. Anagnórisis que se apuntala por un lenguaje que sólo la paciencia y la inteligencia musical de Hermilio Hernández han logrado redefinir y emplear como un código del oído y el corazón. Heredero de una historia y un desgarramiento. Pero los trasciende. Calladamente.
Desde que Pedro Henríquez Ureña señaló que las notas distintivas de la sensibilidad mexicana eran la mesura, la melancolía y el amor a los tonos nostálgicos, las opiniones al respecto han venido a repetir, subrayar o enriquecer estas afirmaciones. El introvertido mexicano ha creado una poesía sobria, inteligente y afilada, que huye del resplandor tanto como del grito y que, lejos del discurso y de la confesión, se recata, cuando se entrega, en la confidencia.” (¿Falta agregar más a esta cita de Octavio Paz? {cf. Émula de la llama… (1942), incl. en Las peras del olmo}).
Esto aclara también porqué Hermilio Hernández utiliza nomi di tempi clásicos, dándoles siempre una interpretación atenuada y aun neutralizante. El moderato es un lento, el andantino un casi lento y el allegro un moderato. Cuestión que aquí el intérprete ha detectado con agudeza y ha sabido comprender, gracias a la supervisión directa del compositor (sería imposible tener una mejor versión, en este sentido).
Es posible que el sitio de la obra musical de Hermilio Hernández ocupe un espacio de mayor influencia en la música de México, especialmente a partir de estas espléndidas grabaciones realizadas por Joel Juan Qui. También es deseable que poco a poco pueda reconocerse la labor de minuciosidad extrema con que el compositor ha creado una obra propia incorporada a una emergencia colectiva, a una obra mayor que se irá descubriendo en apreciaciones ulteriores.
En la moderna literatura jalisciense mucho se ha advertido la importancia del tándem Juan Rulfo (1918-1986) Juan José Arreola (1918-2002), cuyo poderoso y variado ingenio son ya una geografía indispensable en la literatura latinoamericana. Poco se ha señalado que un dueto equivalente lo forman, en música, Manuel Enríquez y Hermilio Hernández (este último apegado al estilo discreto y al carácter taciturno de Rulfo; aquél, más identificado con el histrionismo y la versatilidad de Arreola), y que su obra creativa aspira igualmente a colocarse en el centro de la maduración de una cultura.
1 Ruvalcaba, Eusebio. Hermilio Hernández y el arte de la composición. Tomado de la world wide web el día 1 de febrero de 2006. http://www.revistavertigo.com/tequila.html
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