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"Un grito en la pared"

Carteles de la Guerra 1936-1939 (España)
Selección del los fondos de la Fundación Pablo Iglesias

Exposición 17 de Mayo, Instituto Cultural Cabañas

Duración de la exposición del 17 de mayo al 2 de julio.

 

Fundación Pablo Iglesias

Desde su creación, la Fundación Pablo Iglesias ha ido conformando una colección de carteles de la guerra civil española, que hoy sobrepasa los 2,000 ejemplares. Constituye, por tanto, un testimonio extraordinario, por su amplitud y variedad de cartelismo republicano, de los mensajes e ideas que a través de los carteles se transmitieron y de las tendencias artísticas que sus autores representaron.

Durante muchos años, esta colección ha estado sobre todo a disposición de estudiosos e investigadores, cediéndose material de forma muy puntual para su inclusión como documento en publicaciones o exposiciones.
La Fundación Pablo Iglesias considera que ha llegado el momento de dar a conocer al público una muestra representativa de su colección de carteles de la guerra civil. Para ello, ha realizado una generosa selección, que constituye una singular y valiosa muestra de la gran variedad de temas, autores, instituciones y organizaciones editoras que componen la colección.

Creemos que el resultado es una muestra de la diversidad artística de la cartelería republicana. El cartelismo tuvo una época de especial florecimiento en los años treinta en Europa y no menos en España, donde se desarrolló un arte del cartel de tenedencias estéticas diversas y de gran calidad. Ya con la proclamación de la Segunda República, un auténtico ejército de pintores, dibujantes, diseñadores y grafistas apostó por un cartelismo de vanguardia, que adquirió un valor excepcional. La guerra dio un importante impulso a la creación de los autores gráficos, y no sólo por la necesidad de reforzar la labor de propaganda política, sino también como medio para la difusión de ideas y preceptos.

Los artistas siguieron la senda de la cartelística de la Primera Guerra Mundial, acrecentando la efectividad de los mensaje y recurriendo a la imaginación para ampliar los motivos tradicionales: alistamiento, cautela ante el espionaje enemigo, símbolos políticos, pero también llamadas a la educación, la higiene, advertencia ante los abusos que proliferan en las situaciones de guerra.

El cartel del bando republicano responde a un autentico arte de vanguardia. Es para muchos un caso excepcional de fusión entre vanguardia política y vanguardia artística. La historia nos muestra que, en general, el poder político descansa sobre un arte consolidado, tradicional, y que los movimientos vanguardistas se abren paso a contrasentido del poder. En la guerra española el poder, al encomendar tan plenamente la propaganda a los mejores cartelistas de la época, se puso en manos de un movimiento de vanguardia rupturista. La explicación de esta “excepción” histórica puede encontrarse en que la defensa de la legalidad del poder constituido enlazaba con la batalla por detener el movimiento fascista que se avistaba ya en Europa. Así, los cradores pudieron trabajar con entera libertad al servicio de la causa republicana, produciendo una extraordinaria obra artística de la que hoy presentamos una selección preponderada y equilibrada.

El final de la guerra cortó de raíz el ascenso de un arte gráfico que, sin duda, hubiese situado a los artistas españoles en la cima de la creación gráfica en Europa. El que no se pudiera continuar aquella trayectoria artística proporciona una extraordinaria importancia a los testimonios de la época. La exposición que presentamos es una muestra de la fuerza, la sensibilidad, los sentimientos y la capacidad intelectual de los pintores y cartelistas del momento.

Alfonso Guerra
Presidente de la Fundación Pablo Iglesias


Carteles de la Guerra

Un grito en la pared: así se definía en los años treinta el cartel, esa conjunción estética de imágenes impactantes y textos breves que captan la atención y transmiten un mensaje sencillo, y que en aquel momento desempeñaba, junto a la radio y las revistas, un papel destacadísimo en la comunicación humana anterior a la aparición de la televisión.
Esta década de 1930 conocerá un especial florecimiento del cartelismo en toda Europa, que en España contará con un nutrido conjunto de diseñadores, tipógrafos, dibujantes, grafistas y pintores jóvenes, capaces de darle una audaz impronta vanguardista y hacer que alcance elevadas cotas de calidad.

La apuesta por fórmulas estéticas radicalmente innovadoras, se refleja ya en los carteles de los primeros años de la República; la Guerra Civil, con sus necesidades en materia de propaganda política y transmisión de consignas e ideas, da un impulso gigantesco a la labor de los artistas gráficos, que van a derrochar imaginación y creatividad para actualizar los motivos tradicionales de la cartelería de Primera Guerra Mundial e incrementar la eficacia de los mensajes.

Es, sin duda, en el lado republicano, donde el cartel político y bélico se impregna de forma incontestable del espíritu y las técnicas más avanzadas de la vanguardia artística, dando lugar a obras sorprendentes por su experimentalismo y contundencia.
Figuras como Renau, Bardasano, Amster, Oliver, Melendreras, Sim, Pedrero, Babiano, Ballester o Garay, entre tantos otros, combinan recursos expresivos innovadores, técnicas como el collage o el fotomonaje, grandes dosis de ingenio y una utilización rupturista del color, las formas y la tipografía, para producir una obra gráfica repleta de fuerza y enormemente variada.
De su impacto visual se hace eco George Orwell en Homenaje a Cataluña, cuando recuerda que “Por todas partes se veían carteles revolucionarios flameando desde las paredes sus limpísimos rojos y azules, que hacían que los escasos anuncios que los rodeaban parecieran manchas de barro”.

Como señala Enric Satué, en esos años se dio “un impulso tan decisivo al cartelismo español, que si el gobierno legalmente constituido hubiera ganado la guerra, hoy hablaríamos de España, sin ningún género de dudas, como una potencia de primerísima fila en el concierto del diseño gráfico internacional, porque en aquel entonces se pusieron las bases de una conpepción cartelística verdaderamente genuina y de un elevadísimo nivel creativo y técnico”.

Que esta trayectoria se truncase con el triunfo de las fuerzas franquistas, hace particularmente interesante el conjunto de obras que nos han quedado. La presente muestra es una selección representativa de los más de dos mil carteles y otros testimonios de la época, que custodia la Fundación Pablo Iglesias. La notable variedad de autores, temas, técnicas y tendencias –así como de instituciones y organizaciones editoras- que recoge, compone una imagen tan amplia como singular de aquel singular momento de la historia y el arte españoles.

Exposición completa (documento pdf 1,633 KB)

 

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