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| Programa general | Lagos de Moreno |
Lagos de Moreno
Concierto 31 de Mayo
“Cuarteto Aires de México”
Lugar: Teatro Rosas Moreno
Hora: 20:30 Hrs.
PROGRAMA
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Serenata, de Joaquín Turina
Cuarteto, de J .C. de Arriaga
Intermedio
Cuarteto “Vista del Mar”, de Eduardo Toldrá
Savva Latsanich, violín
Leonardo Nubert, violín
Ramón Becerra, violonchelo
Iouri Kassian, viola |
Notas al programa
Joaquín Turina
Nació el 9 de diciembre de 1882 en Sevilla, España, y murió el 14 de enero de 1949 en Madrid, España.
Desde niño Turina se sintió atraído por la música, y aunque su familia deseaba que estudiara medicina, el padre le permitió seguir la carrera musical. Entonces siguió cursos de piano con Enrique Rodríguez y de armonía con García Torres. La primera obra de importancia fue el ciclo sobre poemas de Rodríguez Marín llamado Las Coplas de la Pasión. Aprovechó todas las oportunidades de escuchar música en Sevilla, compuso con entusiasmo y, en mayo de 1897, debutó como pianista. El éxito a nivel local motivó su viaje a Madrid con una partitura para una ópera sobre un tema bíblico, La Sulamita.
Si para un compositor establecido era difícil lograr una producción en el Teatro Real, para un joven provinciano era imposible. Sin embargo, Turina dio a conocer su ópera a músicos importantes, entre ellos a De Falla, con quien inició una extensa y gran amistad. Quedó impresionado por las zarzuelas del “género chico” y por los conciertos orquestales. Las ideas nacionalistas comenzaron a germinar en su mente. Asistió a veladas musicales y estudió piano en el conservatorio. Después de la presentación de una zarzuela, Fea y con gracia, que tuvo una mediocre recepción, Turina viajó a París en 1905.
En la capital francesa se asoció con otros españoles y estudió con Moszkowski y D’Indy. Pero no pudo resistir la influencia de Debussy. La amistad con De Falla continuó y ambos se hicieron miembros de la Sociedad de Música Independiente. En 1907 apareció como pianista y compositor con el cuarteto Parent, mientras que en otro concierto presentó una obra que ya había publicado, el Quinteto con piano Op.1, un producto al estilo de Franck y la Schola Cantorum de D’Indy. Albéniz, que estuvo presente en ese concierto con De Falla, sugirió a Turina que buscara material en el folclore español.
Turina aceptó el consejo y compuso, como era su hábito, un poco cada día. Varias otras obras fueron bien recibidas, algunas en Madrid, y tras su graduación de la Schola Cantorum en 1913, tuvo lugar el primer hito de su carrera creativa. Arbós estrenó La Procesión del Rocío, y el éxito logrado en Madrid se repitió en París. En 1914 Turina y De Falla retornaron a España. Condujo a los Ballets Rusos y recibió un premio por la Sinfonía Sevillana, estrenada nuevamente con éxito por Arbós en 1920. Hasta el cierre del Teatro Real en 1925, Turina fue director del coro, y su ópera Jardín de Oriente fue presentada ahí.
En 1926 el Trío con piano Op.35 ganó el Premio Nacional de Música, y tras una visita a Latinoamérica, Turina fue nombrado profesor de composición en el Conservatorio de Madrid, en 1930. Los años de la república fueron difíciles, ya que su familia estaba en contra. Fue perseguida por los republicanos durante la guerra civil, pero después de la guerra su prestigio se incrementó. Fue miembro de la Academia San Fernando, fundador de la comisión general de música del Ministerio de Educación y receptor de la Gran Cruz de Alfonso El Sabio.
Juan Crisóstomo de Arriaga
Juan Crisóstomo de Arriaga Balzola, pese a su juventud, es considerado como uno de los compositores más destacados en la historia de la música española, más allá de la inevitable simpatía romántica que despierta su temprana muerte, antes de cumplir los veinte años.
Arriaga nació en Bilbao el 27 de enero de 1806 y falleció en París el 17 de enero de 1826. En numerosas ocasiones los críticos españoles han exagerado la falta de preparación académica de Arriaga para, de este modo, hacer hincapié en sus extraordinarias cualidades naturales; pero esta imagen en la actualidad tiende a matizarse, resaltando la importancia de la formación musical recibida tanto en sus primeros años en España como en su posterior estancia en Francia.
Recibió sus primeras lecciones musicales de su padre, Juan Simón de Arriaga, a la sazón, organista de la iglesia de Berriatúa. Más tarde y dadas las cualidades del niño, el padre consigue que se convierta en discípulo de Faustino Sanz, violinista de la capilla de música de la basílica de Santiago. En esta misma época y pese a su juventud, empieza a frecuentar las sociedades musicales, germen de las futuras sociedades filarmónicas y orquestas, en donde comienza a representar y a componer sus primeras obras por las que es reconocido y admirado. Es en este ambiente cuando a los once años compondrá el octeto Nada y mucho (1817), para trompa, cuerda, guitarra y piano. A esta composición seguirán otras en la misma línea, hasta que finalmente se decide, con trece años, a emprender obras de mayor envergadura, como la ópera en dos actos que lleva por título Los esclavos felices (1819).
Dadas sus cualidades, su padre decide que ha de trasladarse a París para continuar sus estudios musicales. De este modo en 1821, con quince años, marcha a la capital francesa y se matricula en su conservatorio, en donde estudiará contrapunto y fuga con Fétis y violín con Baillot. Su rápido progreso y sus grandes dotes para la composición, hicieron posible que a partir del curso 1823-1824 fuera nombrado profesor ayudante de Fétis, y comenzase a impartir las disciplinas de las que sólo dos años antes era un alumno.
La primera obra importante que escribe en París, será una fuga a ocho voces llamada Et vitam venturi, obra de concurso que fue premiada y que se perdió tras la muerte de Arriaga. A ésta siguió una serie de Tres cuartetos, acerca de los cuales afirmaba Fétis que “... es imposible imaginar nada más original, más elegante, ni escrito con mayor pureza que estos cuartetos...”. Finalmente, en los últimos dos años de su vida, compondrá una obertura pastoral para su ópera Los esclavos felices, una Sinfonía Grande orquesta en cuatro tiempos, una Misa en cuatro voces, un Salve Regina y un Stabat mater para coro y orquesta, además de varias arias, duos, cantatas y quintetos.
El inesperado y prematuro fallecimiento del compositor, fue la causa de que la obra de Arriaga permaneciera desconocida hasta mediados de la década de los ochenta del siglo XIX, momento en el que un descendiente del bigrafiado recupera algunas piezas, en especial cuartetos, que entrega a la sociedad de cuartetos de Bilbao, quien se hace eco de ellos representándolos en sus actuaciones en los distintos salones de la capital vasca. En 1887 se crea en Bilbao la Comisión Permanente Arriaga, presidida por Emiliano Arriaga (descendiente del compositor), cuya finalidad será dar a conocer la obra de Juan Crisóstomo por medio de las representaciones de sus piezas, así como la obtención de beneficios con los cuales poder dar a la imprenta y, por tanto, difundir por otras sociedades españolas esas mismas piezas.
Centrándonos ya estrictamente en la obra del compositor, ésta se puede dividir en tres grandes géneros. Por un lado su obra religiosa, por otro la sinfónica y finalmente la dramática. Todas ellas abarcan un total de veintitrés piezas, algunas de las cuales se han perdido, otras no están publicadas, pero conservadas en el Museo Arriaga; y finalmente otras publicadas a finales del siglo XIX, de las que se sospecha la existencia de algunos cambios introducidos al darlas a la imprenta. Circunstancias, todas ellas, que han dificultado enormemente la catalogación de la producción musical.
Sus obras más importantes, consideradas por algunos como obras maestras, son la Sinfonía a grande orquesta, los Tres cuartetos y la obertura para los Esclavos felices. Todas ellas revelan una técnica muy sólida y un gran dominio de la forma. Recuerdan en gran medida a otras composiciones de Mozart, Cherubini o Rossini, si bien todas ellas tienen el sello personalísimo de Arriaga. Esta circunstancia se puede observar en los Tres cuartetos, en donde si bien comienza con un tipo de sonata clásica que debe mucho a alguno de los compositores anteriormente señalados, introduce en ella una serie de nuevos y originales elementos que la acercan al Romanticismo musical, y que son verdaderas innovaciones y creaciones propias de Juan Crisóstomo; tal es el caso de la introducción de movimientos en forma de rondó, o la inversión en el orden de la presentación de los temas o de la recapitulación.
Si de alguna forma se ha de concluir esta breve biografía, no puede ser otra que señalando el hecho de que la temprana muerte y la posterior pérdida de los escritos del compositor, ocasionaron que la obra, pese a su importancia, no pudiese ejercer ninguna influencia en la música española de las décadas posteriores, circunstancia que contrasta grandemente con la valoración altamente positiva que, a lo largo del siglo XX, han realizado sobre la misma los críticos e historiadores musicales.
Eduard Toldrà nació en Vilanova i la Geltrú, el 7 de abril de 1885. Su padre, hombre de talante bohemio y polifacético, le impartió las primeras lecciones de música, dándose cuenta de las extraordinarias dotes que poseía su hijo para el violín. Viendo que su ciudad natal no ofrecía el marco ideal para las dotes de su hijo, decide el traslado de toda la familia a Barcelona.
La personalidad musical de Toldrà abarcó tres períodos sucesivos en su vida. Un primer período (1912-1921) en el que desarrolla su labor como intérprete de violín. Un segundo período que abarca aproximadamente quince años (1921-1936), durante los cuales escribiría casi la totalidad de sus obras más importantes. El tercer período, después del silencio de los años de la Guerra Civil, (1943-1961) va asociado a la dirección orquestal.
Eduard Toldrà
Desde el primer momento tuvo que compaginar sus estudios de solfeo, armonía y violín en la Escola Municipal de Música, con trabajos ocasionales como violinista profesional en salas de teatro y en bailes públicos. El primer hito importante en la vida artística de Toldrà, fue la creación en el año 1911 del "Quartet Renaixement". Este grupo vino a llenar un vacío musical en Barcelona, a falta de conjuntos fijos y estables que se dedicaran al cultivo de la música de cámara.
Después de un viaje de estudios por Europa, como becarios del gobierno español, volvieron (el viaje sería interrumpido por el estallido de la Primera Guerra Mundial) a Barcelona y continuaron realizando conciertos por Cataluña y por todo el territorio español.
Pero no había una demanda tan grande de música de cámara como para que el cuarteto pudiese vivir tan sólo de esa actividad. Este hecho, junto con la marcha a Francia de un componente del grupo, fue la causa de la disolución del cuarteto, que actuó por última vez el día 14 de junio de 1921 en el Palau de la Música Catalana.
Una vez disuelto el grupo, Toldrà siguió interpretando música de cámara y actuando como violín concertino en todo los grandes festivales que se celebraban en Barcelona, pero ya sería con carácter esporádico. En 1923 se casa con María Sobrepera, y consigue una plaza como profesor auxiliar de violín en la Escola Municipal de Música de Barcelona y comienza una fructífera labor pedagógica.
La obra de Toldrà como compositor no es demasiado extensa, abarca el perído central de su vida artística (1921-1936). Durante estos años que van de la composición del cuarteto "Vistes al mar" (1921) hasta el ciclo de canciones de "La rosa als llavis" (1936). Su obra surge como resultado del nuevo renacimiento de la cultura catalana, siendo en el aspecto musical una de las propuestas más sólidas que contribuyeron a ese renacimiento, es producto y protagonista de un movimiento general que operaba en todos los ámbitos de la vida catalana, que fue el "noucentisme". Dentro de ese ámbito, Toldrà emprendió un trabajo de normalización del lenguaje musical heredado de la generación anterior a la suya. Elaboró un estilo capaz de adaptarse a las exigencias del sentir colectivo de la Barcelona del momento, sin romper con la tradición.
Después le vendría la influencia de Debussy, y seis años antes de la guerra, la influencia del serialismo de Schöenberg, de la mano de Robert Gerhard. El gran esfuerzo de Toldrà fue su originalidad, que consistió en encontrar la forma expresiva perfecta capaz de integrar la tradición y traducirla a una perspectiva moderna y cosmopolita. La poesía fue para el músico el soporte desencadenador de todo un proceso febril de creación, que, cristalizaría de forma única e irrepetible en cada una de sus obras. Fue el músico de la palabra aún allí donde ésta no existía, como en el caso de su importante música instrumental.
Unas circunstancias sociales constituyeron la causa exterior de que decidiese dedicar parte de su tiempo a la composición. Un determinado clima cultural que se traducía en las numerosas convocatorias de premios y de certámenes, llevó a Toldrà a escribir parte de sus obras a instancias de su presentación a los concursos.
Por eso después de la guerra, cuando se evaporó aquel ambiente, sin proponérselo de forma explícita, dejó de componer y se limitó tan sólo a ejercer bien su oficio de músico.
Sus actuación como director de orquesta hasta después de finalizada la Guerra, fue siempre de manera fortuita. Aprendió la dirección de manera autodidacta, sacando provecho y experiencia de cada actuación que las circunstancias le brindaban. La disposición a la dirección se puede decir que era innata, y ya al frente del "Renaixement" había tenido ocasión de poner de manifiesto sus dotes en este sentido. Tenía un talento teatral, pues él mismo había sido un actor aficionado, que lo hacía poseedor de un gesto elocuente expresivo, capaz de comunicar inmediatamente con los demás. Junto con la facilidad para la audición y comprensión internas de una obra, el criterio taxativo de buen gusto, el gesto fácil y extrovertido eran suficientes requisitos para hacer de la dirección una asignatura convalida que no era necesario estudiar aparte.
Después de sus primeras actuaciones al frente de un conjunto de instrumentos de viento, la "Agrupació d´Instruments de Vent", creada por el propio Toldrà en 1916 y que duraría tres años, vino su trabajo en una orquesta de aficionados, la "Orquestra d´Estudis Simfònics". Era un conjunto numeroso formado por setenta y ocho "amateurs" entusiastas, que ejercían profesiones liberales y que se reunían una vez por semana para hacer música y preparar un concierto anual de final de curso en el Palau, sólo con la asistencia de familiares y amigos.
Mucho más importantes fueron sus colaboraciones en la Orquestra Pau Casals. Fueron en total diecisiete las veces que Toldrà dirigió la "O.P.C", entre 1921 y 1935, y en el transcurso de ellas el músico fue imponiéndose como maestro indiscutible en este campo. De hecho, cuando se hicieron las primeras gestiones durante la República, para transformar la "O.P.C" en "Orquestra de Catalunya" bajo el patrocinio de la "Consellería de Cultura de la Generalitat", se pensó en Pau Casals para el cargo de la dirección de la orquesta, y en Toldrà para el de subdirector y concertino. Pero vino la Guerra y los planes se evaporaron.
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