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Ahí está el detalle
Texto de Emilio García Riera/ Historia Documental del Cine Mexicano
Producción (1940): Grovas-Oro Films, Jesús Grovas, jefe de producción: Ricardo Beltri.
Dirección: Juan Bustillo Oro; asistente: Felipe Palomino.
Argumento y adaptación: Humberto Gómez Landero y Juan Bustillo Oro.
Fotografía: Jack Draper.
Sonido: Rafael Ruiz Esparza.
Música: Raúl Lavista 2
Escenografía: Carlos Toussaint; maquillaje Dolores Camarillo.
Edición: Mario González y Juan Bustillo Oro.
Reparto: Mario Moreno Cantinflas (idem), Joaquín Pardavé (Cayetano Lastre), Sara García (Clotilde Regalado), Sofía Álvarez (Dolores), Dolores Camarillo (Pacita), Manuel Noriega (juez), Antonio R. Frausto (defensor), Agustín Isunza (fiscal), Antonio Bravo (Bobby Lechuga El Fox Terrier), Francisco Jambrina (Leonardo del Paso), Joaquín Coss (magistrado), Eduardo Arozamena (juez sordo), Rafael Icardo (comisario tonto), Alfredo Varela, (escribiente), Ángel T. Sala (inspector), Estanislao Schillinsky (ayudante del juez sordo), Wilfredo Moreno, Adolfo Bernáldez, Max Langler (policía), Narciso Busques (uno de los “hijos de”).
En realidad, la película no tenía música de fondo, pero se le añadió después, para los títulos, una mínima partitura de Lavista.
Filmada del 25 de junio al 16 de julio de 1940 en los estudios CLASA. Estrenada el 11 de septiembre de 1940 en el cine Palacio (tres semanas). Duración: 112 minutos.
Sinopsis del argumento. La criada Pacita encarga a su novio Cantinflas que mate a tiros a un tal Bobby. Los patrones de la casa, Dolores y su celoso esposo Cayetano, discuten mientras se oyen los disparos. Cayetano finge irse de viaje. Cantinflas ha matado en realidad a un perro llamado Bobby, mismo nombre de un gangster apodado El Fox Terrier, que entra a la casa y trata de chantajear a Dolores con unas cartas. Llega Cayetano con la policía a sorprender el “adulterio”. Pacita esconde a Bobby y a Cantinflas. Éste, encerrado en una despensa, bebe y fuma un puro. Al ser descubierto, Dolores trata de explicar su presencia haciéndolo pasar por un hermano de ella, Leonardo, a quien se busca para cobrar una herencia. Cantinflas aprovecha la situación hasta que llega con sus ocho hijos Clotilde, esposa de Leonardo, a amargarle la vida. Cayetano exige a Cantinflas que legalice su unión con ella, pero la boda se interrumpe cuando llega la policía en busca de Leonardo, presunto asesino de Bobby. En el juicio, Cantinflas reconoce haber matado a Bobby, creyendo que se habla del perro, y refuta los argumentos de su propio defensor. Es condenado a muerte, pero lo salva la aparición del verdadero Leonardo, que confiesa su crimen.
Comentario. En el artificioso mundo humorístico de Bustillo Oro, un mundo habitado por catrines prosopopéyicos y maniáticos del equívoco verbal, la irrupción de Cantinflas tuvo el efecto de una bomba. Lo que no habían podido lograr los directores de las anteriores películas del cómico lo consiguió Bustillo, gracias al contraste violento que se estableció entre su propio humor y un humor popular, ácido y subversivo, que todavía tenía en el personaje de Cantinflas a un exponente válido. Vago, tragón, borracho y lujurioso, ese personaje expresa una inmediatez del deseo opuesta a la represión y la hipocresía del catrín. Y así como éste, trata de dignificar su represión y su hipocresía valiéndose del lenguaje.
Para Cantinflas, que debía su apodo a un grito del público de carpa (“¡Cuánto inflas!”, o sea “¡Cuánto bebes!”), y que era la réplica de un personaje de historieta gráfica (Chupamirto), Bustillo Oro imaginó al principio adaptar la novela mexicana del siglo XIX El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi. Al tener que desistir de ello, la trama de Ahí está el detalle se le ocurrió a Bustillo a partir de lo siguiente (p.187): “Reviví mis estudios de Derecho Penal y mi paso por la sala de jurados de Belén, cuando me dediqué, con un compañero, a defender acusados sin dinero”. El título de la comedia resultante sería (p. 188) “la muletilla de que se valía Cantinflas en el teatro para reclamar sus malicias, o sea, ahí está el detalle” y la filmación de la película no duró sino tres semanas. Según Bustillo Oro (pp.189y 190), “los resultados en taquilla, modestos al principio, crecieron rápidamente. Al poco tiempo se convirtieron en arrolladores. Sin embargo, Ahí está el detalle tuvo la fortuna de que la Columbia se negara a distribuirla.
A sus “ejecutivos” les repugnó la figura de Cantinflas. La tuvieron por demasiado “local” y no les gustó para fuera de México. Grovas vio el cielo abierto. La cinta fue vendida en la América Latina por “distribuciones independientes”, que lograron con ella cimentar “firmemente la fuerza industrial de nuestro cine”. Sin embargo, la Columbia distribuiría en el futuro todas las siguientes películas mexicanas de Cantinflas, y Jesús Grovas perdió un contrato de exclusividad con el actor por un regalo de tres mil pesos: Mario Moreno quería cobrar quince mil por película y Grovas no quería darle más de doce mil. Al ser Cantinflas contratado por “gente más avisada”, según Bustillo, “Jesús Grovas estuvo a punto de enfermarse”, pero el director se sintió “salvado” y se preparó a disfrutar de su “autonomía como en el tiempo de Huapango”.
Cantinflas emplea su lenguaje incoherente con un claro propósito de defensa. El lenguaje sirve a la enajenación del catrín; Cantinflas, en cambio enajena al lenguaje en provecho propio. O dicho en otras palabras: el “hombre de razón” se pierde en el lenguaje; en cambio, el propio lenguaje se pierde al servicio del “pelado” , héroe de una picaresca capitalina.
El tratamiento de ese tema impremeditado, dos distintas ideas del mundo probándose en los terrenos del lenguaje, dio un Cantinflas un triunfo que se le había augurado desde tiempo atrás, pero que no pudo producirse antes de Ahí está el detalle. Tal triunfo tiene al término de la cinta su expresión más cabal: los graves personajes de un juicio (juez, defensor y fiscal) son contagiados por la verborrea incoherente de Cantinflas. De tal manera, uno de los escenarios favoritos del abogado Bustillo el juicio, tan propicio a su concepción teatral del cine y vehículo de las proezas verbales más conceptuosas, se derrumba con toda su pompa y circunstancia al recibir el impacto cantinflesco. Víctima de ese mismo impacto, y conquistado por una de las secuencias más divertidas de toda la historia del cine mexicano, el público hizo desde ese momento de Cantinflas su ídolo. Surgió así la figura de mayor popularidad no sólo entre las propuestas por el cine nacional, sino entre las del cine en castellano.
Bustillo Oro contaría (pp.185 y 186), como entró en contacto con Cantinflas después de que el productor Grovas, urgido de una nueva “estrella” cómica (“huidizos como estaban Enrique Herrera y Leopoldo Ortín), lo hizo ir al teatro Garibaldi, donde triunfaba Mario Moreno.
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