No
pinta desnudos, sino teoremas. Hipótesis metafísicas.
Dice a su modo la poesía del mundo. Dice la nobleza
y el misterio de México.
Luis Cardoza y Aragón.
Nacido en la Ciudad de México en 1918, hijo menor de
una numerosa familia, a Ricardo Martínez no le fue
indiferente la preocupación de su hermano Oliverio
por encauzarlo en el camino del arte. En un principio y por
consejo de sus padres estudia Leyes, carrera que abandona
para dedicarse a la pintura, sin escuela alguna más
que la que le propició Oliverio y la que obtuvo al
ingresar en la Galería de Arte Mexicano. Es en estas
circunstancias que inicia su trayectoria artística,
en donde la vocación y la pasión por pintar
lo conducen a experimentar por sí solo y a hacer de
la figuración su vocabulario pictórico.
Según recuerda Inés Amor,
en el año de 1940 el artista llegó a la Galería,
en donde encontró en la figura “desparpajada”
de Juan Soriano a un compañero que lo amparaba de la
timidez que en ese entonces lo caracterizaba. De este último
y del también pintor jalisciense Jesús Guerrero
Galván obtuvo influencias perceptibles en su pintura,
tanto temática como formalmente. Por otra parte, su
estrecha y larga amistad con Federico Cantú fue, por
esos años, decisiva en su formación artística.
Cantú le enseñó el manejo de diversas
técnicas, desde el temple, pasando por el gouache y
la acuarela, hasta el uso del óleo, para lo cual le
reveló cómo preparar las telas. Con ello, y
bajo la voz instigadora de Inés, comenzó a enfrentarse
al lienzo.
Durante una etapa inicial de su pintura,
se abocó a la temática de niños; sin
embargo, muy pronto encontró en la figura humana y
en los grandes monolitos de la escultura prehispánica,
el asidero de toda su producción. Su búsqueda
pictórica lo ha llevado a un dominio de la técnica
y a un conocimiento del espacio en donde, cubriendo grandes
zonas monocromas o bicromas, logra sintetizar y a la vez enfatizar
la monumentalidad del cuerpo. Los volúmenes juegan
con las luces y las sombras y “al seguir sus pasos vemos
cómo avanza en la sencillez, depurando al máximo
hasta llegar a un pensamiento abstracto con una cantante forma
abstracta”. No por ello ha prescindido de la figuración.
Ricardo Martínez ha tenido innumerables
exposiciones, tanto en México como en el extranjero;
varias colecciones privadas y públicas del mundo cuentan
con obra de su autoría. Una gran exposición
antológica de su obra se presentó en el Museo
del Palacio de Bellas Artes en 1994.
Actualmente sigue pintando en su estudio
de San Jerónimo Lídice, en la Ciudad de México.
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