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JALISCO EN EL ARTE DE LA CANCIÓN

La Música vocal de los compositores Jaliscienses

CANCION

MUSICA

TEXTO

 

1.- Yo Rancherón

Blas Galindo

Salvador Novo

2.- Jicarita

(1910-1993)

Alfonso del Río

3.- Mi querer pasaba el río

 

Elías Nandino

4.- Paloma blanca

 

Blas Galindo

5.-Arrullo (a la niña del retrato)

 

Alfonso del Río

6.-Madre mía, cuando muera

 

Rubén M. Campos

7.- Fuensanta

 

Ramón López Velarde

8.- Ausencia

 

Elías Nandino

9.-Te canta mi esperanza

 

Víctor Sandoval

 

˜INTERMEDIO˜

 

 

10.- El celaje

José Luis González

Amado Nervo

11.-Cuando llueve

(1937)

Amado Nervo

 

12.-Y ella me dicía

José Rolón

José Rolón

13.- Ay no me digas

(1876-1945)

Popular

14.- Ingrata

 

Popular

15.-Ufrasia

 

Popular

 

16.- Las hojas caen

Arnulfo Miramontes

(1882-1960)

Alfonso Iberri

 

17.- Chapultepec

Higinio Ruvalcaba

(1905-1976)

 

Higinio Ruvalcaba

Gustavo Cuautli, tenor
Sergio Vázquez, piano

Notas al programa

Si Jalisco puede blasonar con justicia de sus artistas plásticos y orgullosamente exhibir una impresionante nómina de escritores prominentes, no por ello hemos de pasar por alto la aportación distinguidísima de sus compositores, tan eminente en la música erudita cuanto vasta y brillante en la popular.

La presente grabación reúne veintiún trabajos que ilustran con elocuencia convincente el cultivo erudito de la canción en Jalisco. Se congregan cantos de José Rolón, de Zapotlán el Grande; Arnulfo Miramontes, de Tala; Higinio Ruvalcaba, de Yahualica, Blas Galindo, de San Gabriel, y José González, de Capilla de Guadalupe.

 JOSE ROLÓN (1876-1945)
Salvo “Quién me compra una naranja”, las canciones de Rolón aquí registradas pertenecen al ámbito de la canción mexicana, especialmente a la categoría que el folklorisita Vicente T. Mendoza (1894-1964) denomina “romántica sentimental”. Nadie ignora que fue Manuel M. Ponce (1882-1948) quien, en el segundo decenio del siglo XX, puso de moda en las ciudades ese tipo de canción rural criolla, propiciando con ello la creación de una plétora de “canciones mexicanas”. Sin que sepamos en verdad de Rolón, si recogió las melodías del acervo popular o si las creó imitándolo, sus canciones mexicanas poseen atributos altamente estimables, a tal grado que pueden ser consideradas, junto con las de Ponce, como lo más representativo del género.

No obstante su prosodia rústica, su texto de un romanticismo edulcorado y artificioso y su armonía estereotipada, las canciones son atractivas en virtud de sus melodías emotivas y su inteligente escritura pianística. Ahora bien, trátese de un tributo a la moda o de un ejercicio de estilo, el grupo de canciones mexicanas de Rolón no es lo más representativo de su obra para las voces.

Hemos de encomiar a Rolón por su acierto al elegir para lo mejor de su lírica, poemas de los “Contemporáneos”, con todo y el abismo cronológico que se separaba al músico de los escritores. “¿Quién me compra una naranja”, sobre el poema homónimo de José Gorostiza (1901-1973), es un magnífico ejemplo de esta lírica tan honda y personal de Rolón. Más que una canción “¿Quién me compra una naranja?” es una cantilación, tan aguda y punzante como el desolado texto al que da voz. El acompañamiento pianístico, reducido a lo mínimo esencial por decantamiento, acentúa el carácter atribulado de la composición.

ARNULFO MIRAMONTES (1882-1960)
Nuestra proverbial desmemoria ha colocado a este músico y a su producción, en el desván de lo inservible. Situación injusta ¿quién lo duda? para este notable pianista y fecundo compositor, formado en Guadalajara y Berlín, quien consumió su existencia enseñando piano y composición, siempre fuera del ámbito gubernamental. Adorador de la tradición clásica y romántica asimilada en Alemania, Miramontes es el autor de unas ciento cincuenta obras, que comprenden misas, oratorios, sinfonías, conciertos, suites y cuartetos, amén de dos óperas, Anáhuac (1917) y Cíhualt (1930-32).

La “Serenata” pertenece a Anáhuac, “drama lírico” compuesto en la línea de Atzimba (1900) de Ricardo Castro (1864-1907) y El rey poeta (1901) de Gustavo E. Campa (1863-1934). Como sus antecesoras, Anáhuac se sitúa en el México virreinal y relata uno de los intentos frustrados del pueblo vencido para reconquistar su señorío sobre el territorio arrebatado.

La escena, una noche de luna en el jardín de la casa del oidor . La bella Elvira escucha una voz varonil, acompañada por laúdes y guitarras. Es la “Serenata” que le ofrece su pretendiente Leonel. Sencilla en su construcción por su carácter estrófico, la “Serenata” está basada en una antigua melodía jalisciense.

“Las hojas caen”, por su lado es una delas casi decenas de romanzas sentimentales debidas a Miramontes. De mayor entidad que la “Serenata”, “Las hojas caen” resulta más representativa del estilo arcaizante y escolástico del maestro. Al respecto, cabe citar lo que, adorador de la música alemana, Carlos del Castillo (1882-1957) escribió acerca del músico de Tala: “Las obras de Miramontes no se han manchado con el modernismo malsano; escuchándolas nos sentimos como aquel que camina por un sendero lleno de flores y sin peligros, y es esta cualidad la que encaminamos con sincero entusiasmo”.

 HIGINIO RUVALCABA (1905-1976)
El FoxtrotChapultepec” fue compuesto, impreso y distribuido en 1919, cuando su autor, el violinista Higinio Ruvalcaba, sólo tenía catorce años. Como el incipiente compositor ignoraba todas las formalidades (y las triquiñuelas) del negocio musical, vendió por unos centavos una pieza que produjo crecidas ganancias a sus editores, pues “Chapultepec” fue uno de los mayores éxitos musicales de los años veinte en el país entero, además de haber calado hondo en la entraña del sentir popular nuestro.

Aunque gracioso e irresistiblemente atractivo en su ingenuidad aparente, “Chapultepec” no es –claro está—sino una temprana y breve muestra de la ingente musicalidad de su autor, colosal violinista, impresionante multiintrumentista, correcto acompañante y compositor de altos vuelos.

 

BLAS GALINDO (1910-1993)
Como músico,  Blas Galindo fue un trabajador incansable; como creador, un compositor de tiempo completo, que poseía el secreto para ensanchar las limitadas horas de su día. Ejercía su oficio de invención sonora con  el entusiasmo jovial del artesano que goza trabajando, porque se sabe capaz y advierte que sus producciones son bellas, buenas y útiles.

Ese enfoque artesanal de la composición (que no cancela la intuición artística, ni deroga la racionalidad), una férrea disciplina y los dones de un talento musical cultivado, concurrieron en Galindo para  convertirlo en uno de los compositores imprescindibles de México, por la cuantía, variedad y riqueza de su producción.
Parte muy encomiable de su obra está constituida por su música para las voces, opulento conjunto de piezas en las que el maestro supo plasmar la exuberancia de su imaginación sonora y el rigor de su poder creativo.

Las once canciones de Galindo aquí registradas, son una excelente muestra de su estilo vocal, el cual, más allá de las distintas técnicas empleadas y de los propósitos  estéticos particulares, se caracteriza por una gran economía de medios; diríase que una voluntaria parquedad lo aleja de la añosa retórica y lo salva de la censurable ampulosidad. Con todo, la austeridad de Galindo en su música vocal no le confiere a ésta languidez o impasibilidad; antes bien, las canciones del maestro se caracterizan precisamente por su viveza y animación, cualidades logradas mediante los más variados recursos.

Asombra, en verdad, la maestría de Galindo para otorgar a cada texto que aborda, una música que pareciese ser la única apropiada para ese texto. Otra cualidad memorable de sus canciones, es la extraordinaria individualidad que cada una de ellas ostenta. Galindo, con honradez suprema, rechaza repetirse. En este par de cualidades reside, justamente, la grandeza del músico como autor de canciones.

Constatemos las habilidades apuntadas al escuchar el repertorio incluido en esta grabación. Así el “Poema de Neruda” o “Me gusta cuando callas” (1948) aquí trasladado del original para coro a una versión para voz sola, exhibe en música esa distante inmediatez que caracteriza al poema del bardo chileno. “Arrullo a la niña del retrato” (1945), por su lado, es un finísimo y casi etéreo canto de cuna, al cual el poeta Alfonso del Río puso letra una vez compuesta la melodía. “Madre mía” (1944) –cuyo texto es la versión que el poeta Rubén M. Campos realizara, a partir de un antiguo poema náhuatl recogido por el nahuatlato Mariano Rojas es un acertado ejercicio de composición en estilo retrospectivo. La melodía de Galindo es tan deslumbrante y conmovedora como los remotos versos. “Jicarita” (1939) –sobre un poemilla de Alfonso del río—es la feliz invención de un aire genuinamente popular, tan acertada como “Paloma blanca”(1939) –con letra propia, que adquiere una amble condición indígena en virtud de su construcción pentafónica.

Mi querer pasaba el río” (1939) –que pone en música un excelente poema de Elías Nandino (1900-1993), utilizando de modo personalísimo una escala de tonos eneros,
resulta un feliz hallazgo. Música extrovertida, plena de vehemencia erótica. “Yo rancherón” (1948) es una muy tradicional canción mexicana, el texto se debe a Salvador Novo (1904-1974); “Tu silencio” y “Ausencia” son la primera y la quinta de las Cinco canciones a la madre muerta (1971), cuyos poemas se deben a  Elías Nandino. Galindo recurre a una armonía libérrima, que emplea la modalidad, el cromatismo ala vez fúnebre y amoroso de este conjunto de poemas, tan conmovedores como severos.

El justamente célebre poema “Hermana, hazme llorar” de La sangre devota (1916) es una de las composiciones de alta emotividad debidas a Ramón  López Velarde (1888-1921). La puesta en música de este poema de amor desolado data de 1954, y para el efecto Galindo se sirve de una dolorosa y pesarosa melodía, que avanza lenta y dificultosamente en medio de afligidas disonancias. Una vez más hemos de reconocer que el maestro encuentra la traducción sonora e ideal para ese tan intenso poema.

Completa el grupo de canciones de Galindo “Te canta mi esperanza” (1981), cuyo texto se debe al poeta de Fraguas, Víctor Sandoval (1929). El suntuoso poema, pleno de elegante erotismo, se canta con una melodía sinuosa, sostenida por galanos acordes que fluyen generosamente. Por momentos, un discreto empleo de ostinati le otorga a la pieza un bienvenido revueltiano.

JOSÉ LUIS GONZÁLEZ (1937)
La poesía de Amado Nervo (1870-1919) ha estimulado la imaginación musical de una buena cantidad de compositores mexicanos, tanto populares, cuanto eruditos.
La lista no es breve, ciertamente, pero vale la pena recordarla, pues todos los que figuran en ella han contribuido con más de una composición a lo que podemos denominar el “Cancionero de Amado Nervo”. Hela aquí: Miguel Lerdo de Tejada, Manuel M. Ponce, Juan D. Tercero, Mario Talavera, Pedro Michaca, Fausto Gaitán, José (“Pepe”) Domínguez, Filiberto Ramírez y Manuel Esperón.

El maestro José Luis González, conocedor profundo del arte vocal y autor muy distinguido de canciones, eligió “Cuando llueve” y “El celaje” para sumarse al ilustre elenco de colaboradores de Nervo. “Cuando llueve” pertenece al ciclo dedicado a Damiana en Los jardines interiores (1905), y “El celaje” es el soneto con el que concluye La amada inmóvil (1922).

Admirablemente escritas, el autor emplea en ambas canciones, a voluntad, un lenguaje arcaizante, en concordancia con la vetustez romántica de los sentidas versos de Nervo, a los que convierte en una especie de lieder mexicano.

GUSTAVO CUATLI, tenor

Originario de Guadalajara, Jalisco, comenzó a estudiar canto con la maestra Teresa Zambrano en 1985, y continuó con el tenor Flavio Becerra. Sus estudios musicales los realizó en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara.

En 1988 hizo su debut como solista en El Mesías de Haendel. En 1994 ganó el tercer lugar en el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli.

En 1996 y 1997 se presentó en el Pacific Festival en Japón, en donde cantó el papel de Lensky de la ópera Eugene Onegin, de Tchaikovsky, además de ofrecer recitales en diversas ciudades de ese país.

Ha cantado en Francia, España, Alemania, Suecia, Portugal, Polonia, Estados Unidos, Colombia, Guatemala, entre otros países. Asimismo ha sido solista de diversas orquestas de cámara y sinfónicas del país.

Su repertorio abarca música de concierto desde el siglo XII, hasta la música de nuestros días; de igual manera, ha cantado un extenso repertorio en los géneros de: Oratorio,
Ópera y Zarzuela. Ha tomado cursos de perfeccionamiento con Christa Ludwing, Ramón Vargas, Marilyn Horne, Paul Sperry y Joseph Cabré.

 SERGIO VÁZQUEZ, pianista
Originario de Torreón, Coahuila. Inició sus estudios pianísticos en su ciudad natal a temprana edad con Elizabeth Guerrero, y los concluyó bajo la dirección de Alberto Cruzprieto en la Ciudad de México.

Como recitalista se ha presentado en los festivales más importantes de México, como el Internacional Cervantino, del Centro Histórico de la Ciudad de México, del Centro Histórico de Campeche, de Coahuila, del Desierto, Fiestas de Octubre en Guadalajara, Foro Internacional de Música Nueva “Manuel Enríquez”, entre otros. También en ciudades del extranjero, como París, Londres, Madrid, Palma de Mallorca, Ibiza, Zagreb, Pula, Scivenik, Pecs.
Realizó su debut como solista con la Camerana de Coahuila, bajo la dirección de Ramón Shade. También ha participado con la Orquesta Sinfónica de Nuevo León, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, la Orquesta de la Ópera de Teatro de Bellas Artes, la Camerana de las América, bajo las  batutas de Francisco Sabín, José Luis Castillo, Jorge Pérez Gómez, Enrique Patrón, Teresa Rodríguez, entre otros.

Actualmente es pianista titular del Coro de Cámara del Centro Nacional de las Artes, que dirige Gerardo Rábago, y también colabora con la Coordinación Nacional de Música y ópera del INBA.

Tiene grabados tres discos compactos bajo el sello Urtext Digital Classics: “La Melodie Mexicaine” (canciones de Gustavo Campa y Ricardo Castro, con el tenor Gustavo Cuautli) y “Soirées Musicales” (canciones de Gioacchino Rossini, con la mezzosoprano Carla López Speziale).

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