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Martes 8
“Los 8 ciclos para voz y piano de Manuel M. Ponce”
Poemas de: Enrique González Martínez, Mariano Brull, José D. Frías, Anna Elizabeth Mathieu,Luis G. Urbina, Mathilde Pomés, Francisco A. De Icaza, Mijael Lermontov, Rabindranath Tagore

Silvia Rizo, soprano
Armando Merino, piano

Lugar: Sala Higinio Ruvalcaba de Exconvento del Carmen
Hora: 20:30 hrs.

Silvia Rizo
Soprano

La soprano mexicana Silvia Rizo estudió con los maestros Irma González y Enrique Jaso en el Conservatorio Nacional de Música, en donde obtuvo máximas calificaciones y Mención Honorífica. Ha tenido como coach permanente al maestro James Demster. Realizó el curso de capacitación operística de SIVAM bajo la dirección de la maestra Joan Dornemann y, en Santander, España, estudió con la maestra Victoria de los Angeles. Simultáneamente, cursó la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Debutó con la Compañía Nacional de ópera en 1991 cantando Micaela, en Carmen de Bizet. Es ganadora del primer lugar en los concursos Internacional de Canto Fanny Anitúa 1990, Voces del Pacífico 1993 y en Operalia 1994. Fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en los periodos 1997-1998 y 2000-2001. Asimismo, fue galardonada con la medalla Mozart en 1998. Inauguró el Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México con el reestreno mundial de la ópera Ildegonda de Melesio Morales. De este mismo compositor, interpretó el papel estelar en el estreno mundial de la ópera Anita.

Silvia ha desarrollado una intensa y versátil carrera como cantante de oratorio, ópera y concierto; ha interpretado lieder, música sinfónica, repertorio de concierto, opereta, zarzuela, comedia musical y música contemporánea. Desde su debut en 1991 hasta hoy, Silvia ha destacado como Micaela, Pamina, Fiodiligli, Electra (Mozart), Martha, Manon (Masenet), Adina, Mimí, Cio-Cio San, Giorgetta, Liu, Margarita, entre otros personajes de la historia de la ópera. En ópera contemporánea, realizó el estreno en México de King Harald’s Saga (Judith Weir), Orestes y Alicia (Federico Ibarra), entre otras. Asimismo, ha reestrenado obras de concierto como Misa Solemne, Pierrot Lunaire, Las Iluminaciones, Guerre Lieder, Les Nuits d’été, Réquiem (Mozart, Verdi, Brahms, Fauré), Misa en Do menor.

Ha grabado los discos Los Caminos del Barroco I, II y III dirigidos por Joseph Cabré y Jean-Claude Malgoire, Anita de Melesio Morales, Música Oaxaqueña con la Orquesta Sinfónica de Oaxaca y Los ocho ciclos para voz y piano de Manuel M. Ponce.

Realiza una constante y comprometida labor interpretando en concierto homenajes a grandes compositores nacionales e internacionales, además de estrenar y difundir música de compositores mexicanos.

Armando Merino
Piano

Ya sea como solista, en recitales o al frente de una orquesta, actuando como acompañante de distinguidos cantantes o en innumerables ensambles de cámara, Armando Merino ha entusiasmado a público y a crítica en su ascendente carrera.

Poseedor de una sólida técnica pianística, obtenida a lo largo de sus estudios en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde concluyó la Licenciatura y en Manhattan School of Music, de Nueva York, donde obtuvo la Maestría y realizó Estudios Profesionales, siempre se distinguió como alumno brillante de maestros tan prestigiados como: Arthur Balsam, Michael Blok, Nina Svetlanova, Néstor Castañeda y Guadalupe Parrondo.

Siendo aún estudiante, en 1984, el gobierno mexicano le otorgó la Mención Honorífica del Premio Nacional de la Juventud, reconocimiento otorgado por el Presidente de la República.

Después de una estancia de tres años en la ciudad de Nueva York, Armando Merino se incorporó al quehacer del ámbito musical mexicano.

Desde entonces, su actividad ha sido constante: En el campo de la docencia, es Profesor de tiempo completo en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde imparte clases y seminarios en los niveles de Licenciatura y Maestría. En el campo de la interpretación, es integrante del grupo de Concertistas de Bellas Artes, del INBA.

Investigador y estudioso del repertorio pianístico, es intérprete de los más variados lenguajes que van de Bach a Hindemith o de Mozart  a Albéniz, distancias que parecen no contar, pues siempre se sienten en casa interpretando los mas diversos estilos.

Dentro de su discografía se encuentran, además de este, los discos compactos: AZULEJOS, México y España a través de siglo XX (QP 037) y ‘S WONDERFUL, de los 20s y 30s en América (QP 100). Ambos incluyen primeras grabaciones mundiales de obras de grandes compositores.

 

NOTAS AL PROGRAMA:

Manuel M. Ponce

Nació en 1882 en Zacatecas. Tenía fama de ser todo un "fenómeno musical"; según afirman sus biógrafos, no había cumplido los cuatro ańos de edad cuando, después de haber escuchado atentamente las clases de piano que recibía su hermana Josefina, se sentó frente al instrumento y sin más preámbulos interpretó una de las piezas que había oído. Inmediatamente sus padres lo pusieron a recibir clases de piano y solfeo. Así, en sus primeros ańos, la producción de Manuel se reducía a gavotas, valsecillos y otras melodías de inspiración semejante.
Con los ańos siguientes, sin embargo, las tonadas tristes con rasgos de alegría o las alegres con rasgos de tristeza que entonaba Sebastiana, llevarían al joven Ponce a integrar un concepto que ya intuía desde los primeros ańos de su adolescencia: que la música popular mexicana, si se refinaba y metodizaba, sin desechar su esencia original, no sólo se convertiría en algo dignísimo y muy valioso, sino que presentaría grandes posibilidades de aceptación en el mundo entero.
En 1901 Ponce ingresó al Conservatorio Nacional de Música, ya con cierto prestigio de pianista y compositor. Allí permaneció hasta 1903. En 1904 marchó a Italia para cursar estudios superiores de música en el Liceo de Bolonia. Siguió estudiando en Alemania entre 1906 y 1908, y volvió a México para hacerse cargo de la cátedra de piano y la de Historia de la Música.
En 1909 escribió una pieza de piano para la mano izquierda, a la que tituló "Malgré tout" (A pesar de todo) en honor del escultor manco Jesús F. Contreras.
En 1912 compuso su obra cumbre, "Estrellita", que no es propiamente una canción de amor, como se suele pensar, sino una "nostalgia viva"; una queja por la juventud que comienza a perderse. Ese mismo ańo, Ponce realizó en el Teatro Nacional el memorable concierto de Música Popular Mexicana que, si bien escandalizó a los ardientes defensores de lo europeo, vino a constituir un hito fundamental en la historia de la canción nacional.
Con esta valiosa actividad de promoción de la música de su país y con melodías como "Estrellita", "A la orilla de un palmar", "Alevántate", "La Pajarera", "Marchita el alma" y "Una multitud más", Ponce ganó el honroso título de "Creador de la Canción Mexicana Moderna". Y fue también el primer compositor mexicano de música popular que proyectó su música al extranjero: "Estrellita", por ejemplo, ha sido parte del repertorio de las principales orquestas del mundo y de incontables cantantes, aunque muy a menudo sus interpretes ignoran el origen de la canción y el nombre del autor.
Su cuerpo fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres en el Panteón de Dolores en el Distrito Federal. En su honor se encuentra una placa de reconocimiento en la parte posterior de la columna de la Exedra, junto a la fuente dedicada a este músico poeta.

MANUEL M. PONCE: Los 8 ciclos para voz y piano
(Tomado de los textos incluidos en el CD de estos ciclos editado por QUINDECIM recordigs)

Esta grabación de la obra integral de los ciclos para voz y piano de Manuel M. Ponce, ofrecida como una premiere, viene a llenar, en palabras de Paolo Mello, “un vacío histórico de sesenta  años”. En ella se incluye también la primera grabación mundial de los Poemas Chinos y de los Poemas Melancólicos.

Cabe destacar que esta versión ofrece una particularidad relevante: todos los ciclos están interpretados por la misma cantante, lo cual es un hecho sobresaliente, si se toma en cuenta que algunos de ellos fueron escritos para tesitura de soprano y otros para tesitura de mezzosoprano.

Con el ánimo de ser fiel a las indicaciones precisas del autor, consulté directamente los manuscritos autógrafos, ya que las partituras impresas presentan diversos errores u omisiones.

Distinto al cronológico, el orden de los ciclos presentado en la grabación lo determiné buscando obtener una secuencia que propiciara contraste entre los distintos caracteres e idiomas, así como una empatía entre las tonalidades.

Agradezco sinceramente al maestro Paolo Mello la gran ayuda y al apoyo que me brindó, al  poner a mi disposición copias de las partituras de tres de los ciclos, al facilitarme el acceso a los manuscritos originales del maestro Ponce, que se encuentran en el archivo de reserva de la biblioteca Cuicamatini, de la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, al proporcionarme bibliografía e información especializada para la elaboración de las notas y al haber sumado su entusiasmo al mío en la realización de este proyecto.

Así mismo, agradezco enormemente a mi amigo José Luis Rivera López, director de QUINDECIM RECORDINGS, su apoyo e interés en la grabación de este importantísimo material, al participar como productor de este disco.

Ha sido para Silva Rizo y para mí un privilegio y un placer haber llevado a cabo este proyecto en el cual pusimos todo el respecto y cariño que sentimos por la obra del gran compositor zacatecano.

Es nuestro deseo que este trabajo ayude significativamente a la difusión de un extraordinario y amplísimo repertorio, por muchos aún desconocido o injustamente olvidado, cuyo nivel composicional de primer orden le confiere, por derecho propio, un lugar en la cima de las obras para voz y piano de la literatura universal.

Armando Merino

 

Ejemplos magistrales de un lenguaje modernista eléctrico

Los ocho ciclos para voz y piano de Manuel María Ponce (1882-1948) están profundamente relacionados con el movimiento del modernismo. Por un lado, los textos que Ponce escogió como base para la composición de seis de sus ocho, pertenecen a poetas influenciados por la corriente modernista. Por el otro, la música escrita para todos los ciclos de poemas, corresponde precisamente al estilo modernista que el propio Manuel María desarrolló a lo largo de su vida. En el caso específico de la veta para canto y piano, este nuevo lenguaje comienza a partir de 1920 con La Mort y concluye en 1940 con los Tres Poemas de Enrique González Martínez. Existe además dentro del modernismo, un vínculo adicional entre la vida y la obra de los poetas y de los poetas y la del compositor: París. En palabras del filósofo alemán Walter Benjamín “La capital francesa era en realidad, a finales del siglo XIX y principios del XX la capital del mundo”, y agrega: “Hacia ella se volvieron todos los artistas de Occidente, por ella descubrieron otras culturas. Ejerció especialmente para el artista hispanoamericano, un atractivo adicional: Representar el centro de la latinidad contra la amenaza del poderío anglosajón”.

El modernismo surge en Europa e Hispanoamérica a finales del siglo XIX,        como una fuerte rebelión en contra del excesivo academicismo y la falta de originalidad de las tendencias culturales que imperaban en ese momento.
Tiene como antecedente inmediato el auge de la literatura simbolista francesa, creada por poetas como Rimbaud, Verlaine y Mallarme, y la filosofía vitalista germánica, representada entre otros por Nietsche, quien aporta la idea del “arte por el arte”.

El término modernismo propicia la ambigüedad. Es por principio, la negación de toda escuela y exige del artista el encuentro de su propia individualidad. Es, como dice el extraordinario escritor mexicano José Emilio Pacheco: “una voluntad de situarse en el ahora, de encontrar el estilo de la época (...) Lo moderno son los usos y costumbres de hoy, un hoy que no se aparece al ayer y que necesariamente diferirá del mañana”. En un sentido más general, el modernismo es el resurgimiento del gusto por las nuevas formas en el mundo de las artes plásticas, la literatura y la música, y que se ubica en los años de transición entre los siglos XIX y XX. Este movimiento incluye así mismo una característica esencial: el culto a la naturaleza, fuente de inspiración de todos los artistas modernos que protestan por el dominio, cada vez más aplastante, de la industria y la tecnología en el ámbito de la vida cotidiana, donde poco a poco “El invernadero y las flores artificiales, “Como observa Pacheco”, parecen preferibles a la naturaleza usurpada y destruida por los afanes mercantiles. El mundo industrial comienza a sustituir al natural e irrumpe dondequiera el objeto: biombos, divanes, jarrones, colgaduras, lacas, oro, japonerías, miniaturas, joyeleros, frascos de perfumes, acuarelas, porcelanas, lámparas, marfil, perlas, esmaltes”.

El tema fundamental de la naturaleza explica la abundancia de líneas sinuosas y ondulantes y de motivos florales o zoomórficos que caracterizaron al movimiento modernista, mismo que en Bélgica y Francia se consolidó, en el ámbito de las artes decorativas, con el nombre de Art Nouveau.

Los temas favoritos de los poetas modernistas reflejan el mundo intimista y subjetivo de cada autor, una clara atracción por lo original e insólito y una mórbida tendencia hacia la melancolía. El gran poeta Rubén Darío, iniciador del movimiento modernista en la literatura hispanoamericana, explica en algunos textos la nueva estética. Se trata, dice, de “llevar el arte de la palabra al terreno de las otras artes, de la pintura verbigracia, de la escultura, de la música (...) Pintar el color de un sonido, el perfume de un astro, algo como aprisionar el alma de las cosas”. “Es entonces”, refiere José Emilio Pacheco, “cuando el mundo poético hispanoamericano se llena con imágenes de todas las mitologías, (...) dioses, ondinas, ninfas, sátiros, cisnes, náyades, centauros, libélulas, princesas, abates, colombinas”,  y agrega, “toda la utilería de la cultura humanística que hoy nos parece exótica y ajena al medio americano”, (...) en los tiempos de los modernistas formaba el sostén de la instrucción para las clases media y alta, resultaba tan familiar como ahora pueden serlo los personajes de las series de televisión y los cómics”.

En México, a la desintegración del movimiento modernista en las letras la precipitó, indirectamente, un hecho histórico: la caída de Victoriano Huerta en 1914, pues ella marcaba irremediablemente el fin de la “era porfirista”, santuario de los poetas modernistas. Sin  embargo, el modernismo no murió: se transformó y se transfiguró en vanguardia, una vanguardia que, con el devenir del tiempo, dio cabida a todas las corrientes. El modernismo, que surgió como un arte de artistas para artistas, se convirtió, finalmente, en el arte del pueblo.

Para 1882, año en que nace Manuel María Ponce en Fresnillo, Zacatecas, y  las letras mexicanas se encuentran en franco inicio de su etapa modernista, la música mexicana se halla en plenitud de su período romántico.

La tarea de vincular el lenguaje musical del romanticismo con un modernismo y universal, pasando necesariamente por el rescate de los valores nacionales, parecía en ese momento un sueño inimaginable. Sin embargo, es precisamente nuestro compositor zacatecano quien, a través de una obra fecunda, inspira y consistente, lleva a cabo tan trascendental labor. En este sentido, tiene un especial significado que, en 1908, el Conservatorio Nacional de Música lo nombre Profesor Superior de Piano, para cubrir la plaza que deja vacante a su muerte Ricardo Castro (1864-1907), precisamente el compositor más importante del romanticismo mexicano.

Los dos viajes de estudios a Europa que Manuel María Ponce realiza a lo largo de su vida (1905 y 1925), representan dentro su obra sendos parteaguas.

En el primer viaje se dirige a Bagatelas y su Estudio No. 3; el Profesor de composición Marco Enrico Bossi le dice al joven Manuel: “En 1905 se debe escribir música de 1905........ ó hasta de 1920, pero no de 1835”.

Veinte años después, habiendo experimentado un enorme crecimiento artístico, Ponce realiza su segundo viaje, que es a París, donde estudia bajo la guía del gran compositor Paul Dukas. Es a partir de esta época, en que el gran Manuel se nutre con fruición de los diversos estilos vanguardistas, que los ocho ciclos para canto y piano comenzarán, uno a uno, a ver la luz.

Dentro de la enorme producción musical del insigne zacatecano, los ocho ciclos para canto y piano merecen un capítulo aparte.

Si bien es cierto que su altísimo nivel de composición es congruente con el resto de las obras que el maestro escribió, sobre todo, aquellas concebidas a partir de los años vividos en París, también es cierto que a diferencia de la extraordinaria obra para guitarra, piano, música de cámara y orquesta, los ciclos para voz y piano son a la fecha la veta menos conocida y la menos estudiada. A ello ha contribuido en cierta medida, la dificultad para conseguir sus partituras, ya que los seis ciclos que alguna vez se editaron (Tagore, Brull, Icaza, Lermontov, González Martínez y Arcaicos), están fuera de impresión hace muchos años. Los Poemas Melancólicos nunca fueron editados, y sólo recientemente la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México realizó, por vez primera, una bellísima edición de los Poemas Chinos, que tampoco se encontraban impresos.

Parte substancial de la grandeza de estos ciclos vocales reside en la selección de sus maravillosos textos. Todos ellos, obra de extraordinarios poetas, que invitan en diferentes formas a la reflexión profunda de los misterios del eterno ciclo de la vida y de la muerte.

Aquí vale la pena detenerse un momento y darle un doble reconocimiento a Manuel M. Ponce como ser humano y como artista, ya que no cualquier músico tiene la suficiente nobleza y desarrollo espiritual como para hacer semejante selección de poesía, ni la suficiente sensibilidad y conocimientos como para decir con música, exactamente lo que con palabras expresa dicha poesía.

De las treinta y una canciones que integran el grupo, veintiocho están dedicadas a Cleme (Clemencia Maure), cantante de origen francés y esposa del compositor. Sólo Granada está dedicada al espléndido guitarrista Andrés Segovia, el Poema de Primavera, a su cuñada Irene Manuel, y La Visita, al gran poeta Luis G. Urbina.

He aquí los años de composición y estreno de estas canciones:

Canciones Poeta Año Composición Año Estreno
La mort Rabindranath Tagore
1920
1921
I plucked your flower, oh world
1925
1934
One morning in the flower garden
1925
1934
       
Les etoilles Mijail Lermontv
1925
1934
Lánge
1926
1934
Le Bohemienne
1926
1934
       
Granada Mariano Brull
1926
1929
Por el ir del río
1931
1934
Verdehalago
1931
1934
       
Les deux flütes Franz Toussaint (traductor)
1932
1934
Petite Fëte
1931
1934
L’orage favorble
1931
1934
Nocturne
1932
1934
La calamité
1932
1934
       
Poema de primavera José D. Frías
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La visita Luis G. Urbina
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Poeme LVIII Anna Elizabeth Mathieu
1935
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Le nuage Mathilde Pomés
1931
1934
       
De oro Francisco A. de Icaza
1936
1937
La sombra
1936
1937
La fuente 
1936
1937
Camino arriba
1936
1937
       
Mas quiero morir por veros Juan del Encina
1939
1944
Zagaleja del Casar Anónimo
1939
1944
De las sierras donde vengo Anónimo
1939
1944
Sol, sol, gi,gi, Alonso (?)
1939
1944
Desciende el valle Pedro Juan Aldómar
1934
1944
Tres morillas Diego Fernández
1939
1944
       
Tres rosas en el ánfora Enrique González Martínez
1939
1939
Onda  
1939
1939
Despedida  
1940
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Pablo Castellanos, pianista y musicólogo mexicano, señala 1915 como la fecha que Manuel M. Ponce escribe la última canción de estilo romántico-nacionalista: la Serenata Mexicana. No será sino hasta 1920 que el maestro vuelve a escribir otra canción: La Mort (La Muerte).

Dentro del repertorio para voz y piano, La Mort es el solitario eslabón que enlaza el antiguo lenguaje romántico del lustro anterior (1915) con el moderno, del lustro posterior (1925).

En el ámbito de esos diez años, Ponce escribe otras obras, pero no canciones. Sólo La Mort. Así, dentro de un punto de vista filosófico, propio de los modernistas, la muerte prueba ser, en realidad, vida. Se inicia entonces, una nueva y fecunda era para la canción Ponceana.

En materia de composición, a diferencia de las canciones de la primera etapa (romántico-nacionalista) el concepto  de las nuevas canciones conlleva cambios sustanciales.

Sobresalen entre ellos, los siguientes:

  • Todas las canciones serán ahora agrupadas en ciclos (a excepción de Un Soiré y Si tu pourvais venir, y los dos boleros, Insomnio y Espera, últimas canciones de 1944).
  • Todas tendrán como base, textos de grandes poetas.
  • La escritura de la parte vocal impondrá nuevos retos:
    • De afinación, debido al contorno muy elaborado de las melodías, o la dificultad de los intervalos.
    • De fraseo, que demandará el mantenimiento de líneas más largas, vía un dominio en el manejo de la respiración.
    • De dicción, ya que será fundamental la clara pronunciación de las palabras del poema, que estará en inglés, francés o español, dependiendo del ciclo.
    • De sutilezas, en los diversos colores y matices de la voz, necesarios para la intención de la palabras
  • El papel del discurso pianístico:
    • Abandonará su función de “acompañante”, para convertirse en “compañero”.
    • Adquirirá una personalidad propia, independiente de la parte vocal.
    • Estará basado en una escritura mucho más compleja.
    • Exigirá del pianista un dominio completo del instrumento.
  • El nuevo repertorio estará destinado a dos solistas, capaces de “pintar el color de un sonido, el perfume de un astro, de aprisionar el alma de las cosas”.

Sin embargo, el aspecto más fascinante en la composición integral de los ocho ciclos para canto y piano, es sin duda alguna su extraordinaria diversidad estilística, prueba del conocimiento profundo de los diferentes lenguajes vanguardistas que con maestría su autor manejo. Por su variedad de atmósferas y colores, estos ciclos de canciones son “ejemplos magistrales de un lenguaje modernistas ecléctico”.

Cada ciclo presenta un tipo de escritura vocal y pianística de gran originalidad, que no se  repite en ninguno de los otros siete. En este sentido, el pianista y musicólogo Ricardo Miranda agrega de manera muy lúcida que: “Cada juego de versos parece sugerir a Ponce el empleo de algún elemento característico sobre el cual se erige la atmósfera sonora del poema”. En realidad, este último define incluso, la estructura formal de cada canción.

Manuel M. Ponce musicalizó tres poemas de Rabindranath Tagore (1861-1941). El primero de ellos fue La Mort, que proviene del Gitanjalí. El maestro se inspiró al conocer el texto en francés, cuya traducción del bengalí es atribuible al escritor galo André Guide, quien tradujo muchos de los poemas de Tagore. El pianista Alberto Cruzprieto expresa de manera muy certera que La Mort, “más que una canción, es casi una escena”. El compositor captó extraordinariamente bien el dramatismo del texto y lo estructuró en tres partes (lento-agitdo-lento) situado el clímax de la canción, al final sección central (cuando las palabras dicen: “es tu mensajera, que se yergue ante mi umbral”). El retorno a la calma, con la bellísima línea vocal del inicio y la atmósfera mórbida creada por los sonidos del piano, establece un gran constaste, que realza la tensión del poema. En la coda, los intervalos de cuartas y quintas en el piano que dialogan con la voz, logran un efecto de verdadera desolación, con lo cual el desenlace de este drama se torna aun más conmovedor.

Los textos de las otras dos canciones, que carecen originalmente de título, al igual que los poemas, abordan tremas muy diferentes. Proceden de una colección de Tagore titulada: El Jardinero (números LVII y LVIII), en una traducción hecha por el propio autor, al inglés. El ambiente sonoro que Ponce escoge para dos obras es de una gran sensualidad y refinamiento. En la primera canción, que es más dramática y oscura, el piano acompaña a la voz con una melodía hecha a base de acordes alterados, dentro de un espectro indefinido de tonalidad. En la segunda canción, más luminosa e iridiscente, impera el cromatismo. Es realmente asombroso, cómo el maestro logra crear, a través de juegos de arpegios muy abiertos en el piano, esa sensación de inmensidad y vacío, propia del mundo sensorial de la niña ciega. Aunque el tono emocional de la primera canción es de dolor y resignación y el de la segunda es el de la conmoción ante la belleza misma, a este ciclo lo caracteriza una reflexiva serenidad.

La escritura musical que Ponce utiliza en las tres canciones con textos de Miknail Lermontov (1814-1841), es quizá la que muestra el estilo de mayor vanguardia dentro de los ocho ciclos. Ponce refiere que su maestro se entusiasmó mucho con estos números y narra que: “Dukas estuvo comentando los tres poemas de Lermontv mas de una hora. Me indicó la forma de hacer la orquestación y mostró gran interés por estos trozos musicales “modernistas”.
Manuel conoció los textos traducidos del ruso al francés, por la escritora Marie Naggeote Wilbouchenwitch.
Les etoiles (Las estrellas) y L’ange (El ángel), tienen ambos, como fondo de escena, la bóveda celeste. Para describir esa atmósfera sideral, Ponce recurrió al uso del cromatismo y lo hizo de una manera magistral, que recuerda en algunos momentos, los destellos cintilantes de la armonía de Messiaen. Por su parte, Le Bohemienne (La gitanilla), muestra una clara influencia armónica y rítmica de la música de Prokofiev, especialmente en la parte pianística. El ciclo termina de manera constaste, con un carácter de alegría, irónica y extrovertida.

El ciclo con textos de Mariano Brull (1891-1959), es entre todos los ciclos, el que mayor contraste estilístico  presenta entre cada una de sus canciones: La escritura de Granada, primer número del grupo, tiene una innegable influencia del lenguaje impresionista español de Manuel De Falla: la riqueza de sus texturas, el matiz de sus colores, la atmósfera vibrante y vaga, llega  de sonidos de guitarra que el piano recrea, aunados al Cante Hondo con el que la voz cantante el poema, así lo delatan. Aunque indudablemente dedicada a Andrés Segovia, esta obra lleva implícitamente, otras dedicatorias: por un lado, a la querida y entrañable Madre patria, por el otro, al arte del gran compositor andaluz, estimado amigo y admirado colega.

Por el ir del río, releva en su escritura pianístico, la influencia del impresionismo francés. Ciertamente, la atmósfera de la canción no nos remite a parís, pero los arpegios del piano, que evocan la corriente del agua, escritos en un lenguaje bitonal, tienen el distintivo de la escritura de Debussy, compositor al que Ponce admiró fehacientemente.

En Verdehalago, se conjugan de manera extraordinaria dos recursos composicionales: El primero es en el aspecto armónico, donde la canción oscila entre pasajes tonales y secuencias de escalas por tonos. El segundo, es en el aspecto rítmico, donde el compositor hace uso del cinquillo cubano, ritmo al que recurre en muchas otras ocasiones cuando quiere imponer ese carácter, pero que en este caso, es una simpática alusión a la procedencia caribeña del poeta, autor de la letra. La música adquiere con estos elementos, la misma gracia y picardía de las palabras y cierra el ciclo alegremente, en un color definitivamente verde.

Por la naturaleza de sus textos como fuente de inspiración, las Poésies chinoises son probablemente, el ciclo de mayor exquisitez y refinamiento dentro todo el espectro. Gracias al trabajo del pianista e investigados Paolo Mello, ahora se sabe que los textos de estas canciones provienen de auténticos poemas chinos de diversos autores del siglo VIII, recopilados en una colección titulada La flauta de jade, los cuales fueron maravillosamente traducidos al  francés por Franz Touddaint (1879-1955), escritor galo, contemporáneo de Ponce. Su nivel de composición es extraordinario a todas luces: Cada canción esta llena de colores fulgurantes, de sorprendentes sutilizas y al mismo tiempo de una gran sencillez. Manuel captó a la perfección el alma y el espíritu del carácter chino y supo plasmarlo en una música pletórica de vibrantes y delicadas sonoridades.

Este ciclo tiene una clara influencia del estilo impresionista francés, especialmente del de Debussy, a quien Ponce reverenciaba. Prueba de ello, como lo hace notar Paolo Mello, es el primer número donde al inicio, el piano, al recrear el sonido de una flauta, hace una cita musical de Syrinx, pieza para flauta sola (1912) del compositor francés, la cual es a su vez un lejano recuerdo del Preludio a la siesta de un fauno (1894) del mismo autor. La parte pianística de La calamita (la calamidad) es otro ejemplo,  ya que su escritura es en realidad una toccata a la manera de Debussy. Desde el punto de vista armónico, el recurso predominante de este ciclo es la pentafonía, aunque también hay una presencia importante del cromatismo y de la sucesión paralelos. Al combinar todos estos elementos, Ponce logra crear con su genio, lo que el tenor Alfredo Mendoza expresa en las notas preliminares de la primera edición de estas “Poésies”: una sutil evocación poético-musical del refinado ambiente cortesano  chino”.

Los Cuatro Poemas Melancólicos tienen como ciclo, una génesis distinta a la de los otros siete, ya que sus canciones fueron originalmente concebidas como obras  aisladas. Es por ello que cada una de ellas tiene el texto de un poeta distinto y que en grupo, carecen de un sentido de secuencia. Tal vez, el riesgo solitario que ciertamente las hermanas, es el hecho de que todas poseen un carácter melancólico. El título de Cuatro Poemas Melancólicos aparecen en la portada de cada uno de los manuscritos con la letra de Clemencia Laurel. De ello se desprende que la idea de integrar estas canciones dentro de un mismo bloque fue posterior a su composición. Se sabe que Cleme fue siempre sumamente respetuosa de la obra de su marido y que ella jamás se hubiera tomado la libertad de crear un nuevo ciclo de motu propio. Partiendo de ese hecho, es altamente probable que el mismo Ponce haya mencionado en algún momento su deseo de reunir estas cuatro canciones dentro de un mismo grupo y que Cleme haya actuado solamente en consecuencia con la voluntad del compositor.

El poema de primavera, con textos de José D. Frías (1890-1936) es de treinta y un canciones que integran  los ciclos, la más sencilla en todos aspectos. Esto lo provoca por supuesto, la candidez misma de su texto. El poema es ingenuo y carece de dramatismo alguno. Musicalmente, la composición esta ubicada dentro de un ambiente armónico tonal, con el uso frecuente de acordes alterados que subrayan el color de ciertas palabras. La melodías es lineal y de gran pureza, mientras que la parte del piano se hace cargo del ambiente armónico, que acompaña siempre con discreción.

La visita, poema de Luis G. Urbina (1864-1934) que habla en realidad de la visita de la muerte, aunque esta palabra jamás se menciona en el texto, es una de las canciones más extraordinarias dentro de todo repertorio de la música mexicana. Tiene un lenguaje totalmente modernista: Las delicadas líneas melódicas de la voz y el piano deambulan con suavidad por la senda del cromatismo, el ambiente armónico denota la ausencia de una tonalidad definida y se aprecia el uso constante de acordes aumentados que dotan al poema de un tono francamente fantasmagórico. Es claro que el compositor entendió con lucidez el sentido de la poesía y la enriqueció, dándole a cada frase su propio color. El efecto de la unión de este poema, con la música inspirada y misteriosa que para él escribió Manuel María Ponce es profundamente conmovedor.

Desde el punto de vista musical, El Poeme LXVIII, obra de la escritora Anna Elizabeth Mathieu, condesa de Noaillés (1876-1933) revela nítidamente la comprensión de Manuel acerca de la esencia dramática de esa poesía. El texto es una reflexión, breve pero profunda, acerca del papel del destino en la propia vida, hecha con un sentimiento de rebeldía, valor y entereza. Aunque es esta canción existe un claro marco tonal, el juego que el maestro hace continuamente entre el modo mayor y el menor, aunado a la frecuente presencia de acordes alterados, da por resultado la sensación de una cierta ambigüedad tonal y un lenguaje que, al igual que el de la poesía de su autora, oscila estilísticamente hablando, entre un romanticismo decadente y un modernismo que aflora.

Le Nuage (La nube), con textos de Matilde Pomés (1889-19??), es de entre todas las canciones que integran los ciclos, la que posee el lenguaje musical más abstracto. Esto no es una casualidad, si se toma en cuenta que Ponce captó perfectamente el sentido inasible de las imágenes que evoca este maravilloso poema y que precisamente ello, lo que lo motivó a concebir la música para tan extraordinaria canción. Bien podría decirse que el lenguaje musical de Le Nuage está fuertemente influenciado por el impresionismo francés. Sin embargo, más que Debussy, es aquí el viejo Fauré, desde sus últimos opus, quien parece ejercer tan maravillosa influencia. Desde el punto de vista armónico, Le Nuage carece de una tonalidad definida, por ello mismo, deambula constantemente a través del cromatismo, en acordes de armonía alterada. La línea vocal se desenvuelve dentro de ese cromatismo de manera vaga y libre y el piano la acompaña discretamente, en un continuo y obstinado patrón rítmico, con acordes de inefables colores. El conjunto de todos estos elementos aunados a la duración de la canción (es después de La Mort, la más larga de todas) y a su “tiempo”, molto moderato e tranquillo, provocan un efecto casi hipnótico que sólo se disuelve, al escucharse en la lejanía, el ultimo arpegio del piano, gloriosamente tonal.

El ciclo de canciones con textos de Francisco de Icaza (1863-1925) es indudablemente, el más nostálgico de todos. Esto no es extraño, si se toma en cuenta lo que el gran poeta español Antonio Machado decía acerca de su colega mexicano: “No es profesor de energía/Francisco de Icaza/ sino de melancolía”. Ponce supo captar con sensibilidad el carácter intimo y reflexivo de las imágenes convocadas en los poemas, para sabiamente, transformarlo después en música. A lo largo de todo el ciclo, se percibe una gran unidad estilística, tanto en el tono melancólico de sus matices, como en la sencillez y amplitud lineal de su lenguaje. Su ambiente armónico es predominante modal, lo cual crea una continua sensación de lejanía. Se advierte en de oro, La sombra y La fuente,  una sutil influencia del lenguaje musical áspero de Hindemith; mientras que en Camino arriba, domina el espíritu de la música española, que alude a la profunda relación que existió entre le península ibérica e Icaza y sirve con su lamento de coplas tristes, como conclusión de toda la obra.

Los poemas arcaicos, es el único ciclo, concebido como tal, donde Ponce asigna a cada canción, el texto de un poeta diferente. El maestro seleccionó los poemas de una antología publicada en Madrid en 1890 por el musicólogo Asenjo Barbieri. Titulada “cancionero musical de los siglos XV y XVI, esta colección reunía textos de poetas españoles medievales y renacentistas, que provenían a su vez, del “cancionero de Palacio”, perfectamente a los Reyes Católicos. De entre estos poetas, Juan del Encina (1468-1529) es el más sobresaliente.

La escritura musical de este ciclo muestra una gran economía de recursos, lo cual incide de manera óptima, en la recreación del estilo sencillo y puro que estas canciones originalmente tuvieron. Su composición esta sustentada en el uso de un lenguaje armónico modal, lo cual le confiere a todo el ciclo un aura de lejanía y antigüedad.

Sin embargo, el rasgo más sobresaliente lo constituye el carácter “español” de su música, pletórica de giros y líneas melódicas que remiten a la España renacentista de los reinos católicos de Aragón y de castilla, pero también a la del musulmán de Granada; a la España en la que por siglos convivieron armoniosamente, católicos, judíos, árebes y gitanos. Por eso se percibe lo mismo, un lamento gitano de Cante Hondo en Sol, sol gi gi, que toda la sensualidad del mundo árabe, en las Tres morillas, el profundo anhelo del místico católico en Más quiero por veros, que las famosas “segundas aumentadas”, típicas de la música judía en zagaleja del casar. Se escucha en ésta última un español lleno de “italianismos” provenientes del reino español de Nápoles y en De las sierras… el castellano antiguo. El estilo austero de la escritura pianística permite paradójicamente, distinguir infinidad de instrumentos propios de la época: címbalos, cascabeles y flautines, en Sol, sol gi, gi o flautas y zampoñas en De las sierras… Todos los sentidos participen, pues también se puede admirar el paisaje ibérico en Desciende al valle y “oler” las manzanas y “saborear” las olivas de las Tres morillas. El ciclo de los Poemas Arcaicos es un crisol donde religiones, lenguas, sonidos, paisajes, texturas, anhelos, olores, sabores y colores se mezclan en forma por demás maravillosa.

Los Tres poemas de Enrique González Martínez (1871-1952) forman el último ciclo de canciones que Manuel M. Ponce escribió. Desde el punto de vista composicional, es en este tríptico donde el maestro muestra la mayor capacidad de síntesis. Prueba de ello, es la evidente economía de recursos en la escritura, rasgo distintivo de toda la obra. Paradójicamente, este lenguaje tan austero, dota al aspecto expresivo de las canciones con un efecto altamente conmovedor. Aunque armónicamente los tres números se encuentran dentro de un marco tonal, su lenguaje musical no deja de ser modernista, ya que por ejemplo, en el Nocturno de las rosas, el maestro hace un uso continuo de disonancias y acordes alterados, en Onda, de escalas modales y en Despedida, del cromatismo, lo cual redunda en el beneficio y enriquecimiento de ese elemento tan fundamental para los modernistas que fue el color. Llama también la atención la sobriedad de la escritura pianística, principalmente en el Nocturno y en Despedida, donde en diversos pasajes, ésta simplemente duplica la línea melódica de la voz, incluso en Onda, donde el piano tiene una mayor relevancia al sugerir al sugerir el movimiento del agua, el trazo de su dibujo es a la vez, sencillo y discreto. En términos generales, el tono emocional de las canciones, es oscuro e introspectivo y sumerge irremediablemente al oyente en un estado de profunda reflexión.

Despedida resultó ser fatídicamente la canción que pusiera punto final a la creación de más ciclos vocales. Con ella dice a dios a la producción musical de este sublime género su autor,
Manuel M. Ponce, el extraordinario compositor mexicana

Armando Merino

 

Tres Poemas de Enrique González Martínez

I. Nocturno de las rosas

Tres rosas en el ánfora,
De diverso matiz, de igual belleza:
¡Oh, dolor, Oh, recuerdo, Oh, esperanza!

El perfume de antaño me envenena,
Luego el dolor ¿no mata?
Solloza el árbol en las hojas secas.

Vida desesperada, ¿por qué si nada esperas,
Atisbas por la noche en la ventana?
¿Quién es el que golpea?
Manejando está el martillo de la aldaba
En la noche siniestra.

Voces de ayer, la pena que se agranda,
Insomnio vigilante de la espera.

Tres rosas en el ánfora,
De diverso matiz, de igual belleza.

II. Onda

Este arrollo tenaz que desenvuelve
Su cinta azul desde la roca viva,
Era ayer nada más agua furtiva,
Hoy, esperanza en fuga que no vuelve.

Su trino de cristal era una extraña
Voz sin sentido, vacuidad sonora,
Hoy sabe lo que canta y lo que llora
Y comenta el dolor de la montaña.

A ciegas de su rumbo y de su suerte,
Ayer, cruzaba el arenal vacío.
Hoy, siempre miedo de llegar al río
Y presagia los mares de la muerte

III. Despedida

No ha de besarme en la angustiada hora
De mi trance mortal y será en vano
Que busque la caricia de su mano
Con el afán con que la busco ahora

Será el morir como distante aurora
Perdida en sueños, sentirse cercano
El leve soplo de un suspiro hermano,
O la filial desolación que llora.
Su beso no…la trágica amargura
De su último mirar en  mi perdura,
Cada vez más tenaz y más adentro…

Aquellos ojos de paloma herida
Sellaron la suprema despedida,
Por si no hay viaje, ni otro encuentro.

Tres poemas de Mariano Brull

I. Granada

He respirado a Granada
En luz toda voz de olores,
Tierra fragmente de adentro,
De lejos, hondo florece.

Carne viva del alma
Toda pecho desnudo,
Guitarra sepulta:
cantar eterno de tu cordaje de agua

Qué nudo  anuda mi carne,
Raíz de aire que me enlaza
A música de temblores
En parpadeos de alma

Oleo de torva hermosura,
Granada en la noche grande:
Seña perdida en la angustia,
Ya sin fatiga de antes,

Múltiples amaneceres,
Qué bella entonces…
Ahora, tan cerca ya de lo mío,
Claveles de resonancia.

II. Por el ir del río

Por el ir del río
espero el nuevo venir,
río debajo de mi vida
tan turbio de tanto ir

Agua ida, agua muerta
Para mi agudo vivir,
Que en el ir del río
Espera el nuevo venir.
Agua viva, agua loca,
Loca de correr, de ir
Por el ir largo del río
Para llegar y seguir

III. Verdehalago

Por el verde, verde
Verdería del verde mar
Rr con Rr

Vienes, vírgula, virgen
Enano verde
Verdularia cantárida
 Rr con Rr.

Verdor y verdín
Verdumbre y verdura
Verde, doble verde
Del col y lechuga

Rr con Rr
En mi verde limón
Para verde

Por el verde, verde
Verdehalago húmedo
Extiéndome. Extiéndete

Vengo del Mundo dolido
Y en Verdehalago me estoy

Cinco poemas chinos
Traducidos del chino al francés por Franz Toussaint

I. Les Deux Flutes

Un soir que je respirais le parfum des fleurs au bord de la riviere,
Le vertm’apporta la chanson ld’une lointaine.

Por lui répondre je coupai une branche de saule et la chanson de ma flute
Verca la nuit charmée.

Despuis ce soir-lá tours les jours, ´l’heure oú la campagne
S’endort, les oiseaux enterndent se répondre deux oiseaux
Inconnus dont ils comprennent cepedant le langage.

II. Petite Fete

Je prends un flacon de vin, et je vais le boire parmi les
Fleurs. Nous sommest toujurs trois en compant mon
ombre et mon amie la lune brillante

heureusement que la lune ne sair pas boire et que mon
ombre n ?a jamais soif !

Quand je chante, la lune m ?encounte en silence. Quand je
Danse, mon ombre danse aussi.

Aprés tout festin, les convives se séparent.

Je ne connais pas cette tristesse. Lorsque je regagne ma
Demure, la lune m’accompague et mon ombre me suit.

I. Las dos flautas

Un atardecer en que yo respiraba el perfume de las flores a la orilla del río, el
Viento me trajo la canción de una flauta lejana.

Para responderle, corté una rama de sauce y la
Canción de mi flauta arrulló la noche encantada.

Desde ese atardecer todos los días, a la hora en que
El campo se adormece, los pájaros escuchan el
Diálogo de dos aves desconocidas, cuyo lenguaje, sin
Embargo, comprenden.

II. Fiestecita

Tomo un frasco de vino y voy a beberlo entre las
Flores. Nosotros somos siempre tres, contando a mi
Sombra y a mi amiga la luna brillante.

Afortunadamente la luna no sabe beber  y mi
Sombra jamás tiene sed.

Cuando canto, la luna me escucha en silencio.
Cuando bailo, mi sombra baila también.

Después del festín, los comensales se separan.

Yo no conozco esa tristeza.
Cuando vuelvo a casa,
La luna me acompaña y mi sombra me  sigue.

 III. L’orage favorable

Je maudissais la pluie faisait résonner mon toit et m’empechait de dormir.

Je maudissais le vent qui saccageait mon jardin.

Mais, tu es arrivée !
Et j’ai remercié la plumie, pusique tu as du oter ta robe
Mouillé, et j’ai remercié le vent, qui venait
D’éteindre ma lampe.

IV. Nocturne

Nonchalante, son luth á la main, elle roulait le rideau de
Perles, á fin que l’odeur de primtemps innondat sa
Chambre.

Mais ellea vu la lune et c’est le chagrin qui est entrée

Le visage dans son bras replié, elle évoque un jardin bleui
De lune oú elle entendit jadis des paroles d’amour

V. La calamité

Les feux du bivouac illuminent le ciel. La neige alourdit
Les étandards glacés.

Les cavaliers galopent dans la campagne. Sioa ! Siao ! Siao !

Le géneral en chef a recu la tablette d’ivoire et pris congé
De I’Empereur.
Voici revent le temps oú le moindre guerrier est plus
Consideré qu’un illustre lettré. Voici revenu le temps oú
Les meres et les éspouses s’endorment, chanque soir, le visage tourné vers
I’Est !

Les feux de bivouac illuminent le ciel.

III. La tormenta favorable

Yo maldecía a la lluvia que hacía resonar mi techo y
Me impedía dormir.

Maldecía al viento que destrozaba mi jardín

Pero, ¡llegaste tú!

Y di gracias a la lluvia porque tuviste que quitarte el vestido mojado, y di
Gracias al viento, que acababa
De apagar mi lámpara

IV. Nocturno

Intolerante, con el laúd en la mano, ella corría la
Cortina de perlas para que el olor de la primavera
Inundara su cuarto.

Pero vio la luna y fue la tristeza la que entró

Con el rostro replegado en su brazo ella evoca un
Jardín azulado de luna donde escuchó antaño palabras de amor.

V. La calamidad

Las fogatas del vivac iluminan el cielo. La nieve
Vuelve pesados los helados estandartes.

Los jinetes galopan en la campiña: ¡Sioa! ¡Sioa! ¡Siao!

El general en jefe recibió la tablilla de marfil y se
Despidió del emperador.

Ha vuelto ya el tiempo en que el más ínfimo guerrero
Alcanza mas consideraciones que un ilustre letrado.
Ha vuelto ya el tiempo en que las madres y las
Esposas se duermen, cada noche, con el rostro
Vuelto hacia el Este.

Las fogatas del vivac iluminan el cielo.

Cuatro poemas melancólicos
José d. Frías

I. Poema de primavera

Porque preferida flor
Le de a tu vida su aroma mejor
Y de tu camino se aparte
El espino mortal del dolor

Se lrene como eres hoy, entre los seres:
Sencilla y cordial.
El bien que tu hagas
Vencerá las plagas más fuertes del mal.

Y la primavera siempre tuya
Gritará ¡Aleluya! Quien tu arribo espera
Y en amor de paz crecerá
A tu vera la felicidad.

 

Anna Elizabeth Mathieu, condesa de Noaillé
II. Poeme LXVIII

Universe je t’ai regardé
D’un oeil loue et qui défié,
Jái perdu, car tes coups de dés
Ont frappé et vaincu ma vie.

Mais ce qui fut reste éxistant
J’ai fait lutter d’un coeur constant
Ma force avecl’onde et sers voiles
Mes désirs avect tes printemps
Et me yeux avec tes étoiles

II. Poema LXVIII

Universo, yo te miré
Con ojos de alabanzas y desafío.
Perdí, pues tus tiros de dados
Golpearon y vencieron mi vida

Más lo que fue, sigue siendo:
¡He hecho combatir tenazmente
mi fuerza con la ola y sus velas,
mis deseos con tus primaveras
y mis ojos tus estrellas!

Luis G. Urbina
III. La visita

Ha de venir. Vendrá
¿Cuándo?... No sé. Muy pronto.
Escucho ya su voz remota
Y sus pisadas oigo.

Abre la puerta, alma; que no tenga
Que llamar. Y que esté dispuesto todo:
Apagado el fogón, limpia la casa,
Y el blanco cirio de la fe, en el fondo.

Ha de venir, Vendrá. Calladamente
Me tomará en sus brazos. Así como
La madre al niño que volvió cansado
De correr bosques y saltar arroyos.
Yo le diré en voz baja: Bienvenida,
Y sin miedo, ni asombro,
Me entregaré al misterio,
Pensaré en Dios y cerraré los ojos.

Matilde Pomés
IV. Le Nuage

S’embarque o lente nef
Á ton bord sans capitaine;
S’embarquer o blanc vaisseau
A ton bord sans gouvernail,

Aller, voguer
Dans une douce derivé
Sur une mer snas couleur,
Versdes iles sans contuour ;

Voguer, aller,
Le silence diaphane
Tenant lieu de pur espace,
Le coeur ne martelant
Plus la scansion des secondes
Qu’en battements étouffés ;

Aller, vogue,
A chanque coup de roulis,
Padre un peu de sa figure
Perdre un peu de sa substance ;

Voguer, aller,
Jusqu´á ce point ideal
Oú la mer du ciel se combre
Pour baigner le clair visage
D’une terre plus fleurie ;

Mon esquif plus fréle
Que niege en avril foundue au soleil
La haute misane, l’étrave rongée
Par les port en vue, mollement couler.

IV. La nube

Embárcase ¡oh lenta nave !
En tu cubierta sin capitán;
Embárcase ¡oh blanco navío!
En tu cubierta sin timón;

Ir, bogar,
En una dulce deriva
Sobre un mar sin color,
Hacia islas sin contorno;

Bogar, ir, el silencio diáfano,
En lugar de puro espacio,
El corazón no martilleando más
Las escansión de los segundos,
Sino en ahogados latidos;

Ir, bogar,
A cada mecida
Perder un poco de su figura,
Perder un poco de su sustancia;

Bogar, ir
Hasta aquel punto ideal
Donde el mar del cielo se comba,
Para bañarse la clara faz
De una tierra más florida;

Mi esquife más endeble
Que nieve en abril fundida al sol,
El alto trinquete, el estrave corroído
Por los alisios,
Del buen puerto a la vista,
¡suavemente zozobrar!

Cuatro Poemas de Francisco A. De Icaza
I. De oro

Bajo el oro vespertino,
Sobre las mieses doradas,
Mueve sus aspas dentadas,
pausadamente el molino.

Con enormes paletadas
Echa del cielo al camino,
Sobre las mieses doradas,
El tesoro vespertino.

II. La Sombra

Íbamos hacia el Oriente cara al sol!
Amanecía y todo era luz al frente.
Nuestra sombra nos seguía.

Hoy, con el sol en el ocaso,
Al proseguir la jornada,
Una sombra prolongada
Va precediendo mi paso.

III. La fuente

La mejor de mi espíritu
De mis labios no brota.
Hay algo en mis palabras
De la corriente ignota,
Que viene de muy lejos
Y deja gota a gota
Filtrarse entre las piedras

Un hilo de cristal
Si te place el arrullo
Con que el agua borbota,
Piensa en el hondo abismo
Y en la cima remota,
De donde nace y fluye
El limpio manantial.

IV. Camino arriba

Va camino arriba el mozo
Cantando esta cancionera:
Cuando las penas son muchas,
Al juntarse se consuelan.

Llora el pobre sus fatigas
Aunque tiene quien lo quiera;
Se duele el rico de amores
Pues no le quieren de veras.

Sin dinero y sin amor
Todo es igual en la tierra,
Cuando las penas son muchas,
Al juntarse se consuelan

Tres poemas de Mijael Lermontov

I. Les etoiles

Pure est la voute celéste,
Claire l’etoile lointaine
Comme le bonheur de l’enfance
¡Oh ! que ne puis je dire aux étoiles
claires vous etes mon pur bonheur,
comme mon pur bonheur.

II. L’ange

Un ange volait dans le ciel de minuit,
II chantait un hymne trés doux
La lune, les astres en foule autour,
Suivalent la suave chanson
Et l’ange chantait le bonheur éternel
Des ames au divin paradis
Et il célebrait la glorie de Dieu !

Sincére était sa louange.
Une ame nouvelle, blottie dans ses bras,
Allait vers les monde des pleurs.
Le chant demeura sans paroles,
Reivant dans Iame exilée sur la terre.
Et ame, longtemps dans le monde languit
Remplie d’un désir merveilleux

Les tristes chansons de la terre
Ne purent lui faire oublier celle des cieux.

I. Las estrellas

Pura es la bóveda celeste,
Clara la estrella lejana
Como la felicidad de la infancia.
¡Oh! Que no pueda yo decir a las estrellas:
¡Claras sois como mi dicha pura!

II. El ángel

Un ángel volaba en el cielo de media noche,
Cantaba un himno muy dulce.
La luna, los astros, tropel alrededor,
Seguían la suave canción.
Y el ángel cantaba la felicidad eterna
De las almas en el divino paraíso
Y celebraba la gloria de Dios.

Sincera era su alabanza.
Un alma nueva, acurrucada en sus brazos,
Iba hacia el mundo del llanto…
El canto se quedó sin palabras,
Reviviendo en el alma exiliada en la tierra.
Y el alma durante mucho tiempo,
Languideció en el mundo,
Llena de un deseo maravilloso.

Las tristes canciones de la tierra
No pudieron hacerle olvidar la de los cielos.

III. La Bohemienne

Je suis jeune bohémiénne,
Bóhémiénne pas commune,
Car je sais dire la bonne aventure ah !
Car je sais dire la bonne aventure ah !.
Mets dans ma main, dan ma menotte
Des piecettes bien sonnates

Et je dévoilé la bonne étoile.
Bonne ou mouvaise
Je te dévoilé ton étoile ah !
Si t’arriv’ quelqu’ aventure
Ou si te chagrin t’opresse
Fais moi quérir
J’ai mille remédes.
Fais mois quérir
J’ai mille remédes

Et je te tire ma révérance.
Montoutereau joil et tendre
Car le temps press et je me suave
Et je me suave.
Le temps press et me suave
Et je me suave ah !

III. La gitanilla

Soy una gitanilla,
Gitano no común,
Pues sé decir la buena ventura.
Pon en mi mano, en mi manita,
Monedillas bien sonantes

Y revelaré la buena suerte.
Buena o mala, te revelaré tu suerte.
Si algo te acontece
O si la pena te agobia,
Mándame buscar
Yo tengo mil remedios.

Y te hago mi reverencia,
Mi tortolito lindo y tierno,
Porque el tiempo apremia
Y yo me escapo. ¡Ah!

Seis poemas arcaicos

I. (Juan del Encina)

Más quiero morir por veros,
Que vivir sin conoceros.
Mas quiero morir por veros,
Que vivir sin conoceros.

Es tan firme mi esperanza,
Que jamás hace mudanza,
Teniendo tal confianza
De ganarme por quereros.

Mucho gana el que es perdido
Por merecer tan crecido,
Y es vitoria ser vencido
Sin jamás poder venceros.

Aunque sienta gran tormento
Gran tristura e pensamiento,
Yo seré dello contento
Por ser dichoso de veros.

II. (Autor anónimo)

Zagaleja del Casar,
¿Ves aquí la vía adversa?
Meschinella che son persa,
Che a Napoli voglio andar.
¿Cómo vas perdida ancina,
Que tu vía no es aquesta?
Con el acqua e la tempesta
Mi son persa sta matina.
A Napoli voglio andas.

III.

De las Sierras donde vengo,
Vi tal hato y tal placer,
Allá me quiero volver.
¡Oh qué sierras!,
¡Oh qué prados!
¡Oh qué fuentes, qué lugar!
Dichosos son los cuidados
Que se saben emplear.
Quien no se sabe mudar
Nunca debiera nacer.
Allá me quiero volver.
Allá me quiero volver.

IV.

Sol, sol, gi,gi, a A.B.C.
Enamoradico vengo de la, sol, fa, mi, re,
Iba a ver a mi madre
A quien  mucho amé.
Íbame cantando lo que os diré:
Sol, sol, gi, gi a A.B.C.
Eamoradico vengo de la, sol, fa, mi, re.

V.

Desciende el valle, niña
Non era de día.
Niña de rubios cabellos
Desciende a los corderos
Que andan por los centenos.
Non era de día.

VI.

Tres morillas me enamoran en Jaén,
Axa y Fátima y Marién.
Tres morillas tan garridas
Iban a coger olivas,
Cautivaron mi ventura y mi bien
Axa y Fátima y Marién.
Con su grande hermosura
Crianza, seso y cordura
Cautivaron mi ventura en Jeán
Axa y Fátima y Marién.
Tres moricas tan lozanas
Iban a coger manzanas.
Tres moriscas tan lozanas de Jeán.
Axa y Fátima y Marién.

Tres Poemas de Rabindranath Tagore

I.

I plucked your flower, O world!
I pressed it to my and the thorn pricked.

When the day waned and it darkened,
I found that the flower had faded
But the pain remeinded

More flowers will come to you, O world!
But my time for flower gatherring is over
And through the dark night i have not my rose,

Only the pain remains.

II.

One morning in the flower garden
A blind girl came to offer me
A flower chain in the cover of a lottus leave.

I put it round my neck
And tears came to my eyes.

I kissed her and said:
“You are blind even as the flowers are.

You yourself know beatiful is your gift”.

I.

Yo corté tu flor, ¡oh mundo!
La apreté contra mi corazón y la espina me hirió.

Cuando el día decayendo y se oscurecía,
Me di cuenta que la flor se había desvanecido,
Pero que el dolor aun permanecía.

Más flores vendría a ti con perfume y orgullo, ¡oh mundo!
Más mi tiempo de recolecta de flores ha terminado,
Y a través de la oscura noche no tengo, no tengo mi rosa.

Solo me queda el dolor.

II.

Una mañana, en el jardín de las flores,
Una niña ciega se acercó para obsequiarme
Una guirnalda, sobre una hoja de loto.

Me la puse alrededor del cuello
Y las lágrimas asomaron a mis ojos.

Besé a la niña y le dije:
“Eres ciega, tanto como lo son las flores.

Tu misma no sabes cuan bello es tu regalo.”

 La Mort

Si le tour est fini,
Si les oiseaux ne chantent plus,
Si le vent s’est a battu fatigué,
Tire sur moi le voile épais des ténébres
Comme tu as couvert la terre
D’un voile de sommeil
Et  tendrement fermé les pétales du lotus
Penché au crépuscule.

La Mort Ta servante est a ma porte.
Elle a traversé la mer inconnue
Et elle apporte ton appel dans ma maison
La nuit est noire et mon coeur tremble,
Mais je prendrai ma lampe
Je lui ouvrirai mes portes
Et je le lui souhaiterai la bienvenue.

C’est ta messagére qui se dresse sur mo seuil,

Elle partira son message accompli
Laissant une ombre noire sur mon aurore
Et dans ma maison désolée
Il ne restera plus
Que mon ette abandoné

Ma derni

La Muerte

Si el día terminó, los pájaros no cantan más,
Si el viento se ha abatido fatigado,
echa sobre mí el velo espeso de las tinieblas.
Así como has cubierto la tierra con un velo del sueño
Y tiernamente has cerrado los pétalos del loto
Inclinados hacia el crepúsculo.

La Muerte, tu servidora, está a mi puerta.
Ha atravesado la mar desconocida
Y trae tu llamado a mi casa.
La noche es oscura y mi corazón tiniebla,
Mas tomaré mi lámpara, le abriré mis puertas
Y le daré la bienvenida.

Es tu mensajera quien se yergue ante mi umbral.

Ella partirá, cumplido su encargo,
Dejando una sombra negra en mi aurora
Y en mi desolada casa
No quedara a nada más que mi ser abandonado,

Mi última ofrenda para ti.

 

 

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