El film Senderos surca por decirlo así, una dimensión apasionante en la filosofía del cine de hoy, en su profunda observancia de la dignidad latinoamericana y en su justeza en el camino de la creación de fines de este siglo.
Este filme contiene dos relatos. El primero trata sobre las tristes sorpresas de un hombre de campo, convertido por la represión militar en vendedor de telas bordadas atravesando los caminos del paisaje guatemalteco, hasta el laberinto de la ciudad. Enfrentado, sin posible respuesta, a la impunidad de sangre que ejerce un ejército coludido con el gobierno y a todas las derivaciones de estado de sitio, se decide por la lucha en contra de la injusticia.
El segundo relato de Senderos subraya ésta estrecha relación de la mujer en la vida del guerrillero centro y sudamericano. En el momento cumbre de los héroes de la selva. En el momento de tomar decisiones con el gobierno, como los Sandinistas. Pactamos o nó, ¡carajo! Aquí también, como en la revolución mexicana, vérselas con la injusticia es una razón incuestionable. Iguales preceptos permean en el continente americano. Aquí, la figura de la mujer adquiere proporciones asombrosas. Es la montaña, sus ojos verdes sirven de resguardo, su pensamiento para la cautela, su inteligencia para calmar los ánimos.
El film de Michael Vetter, un genuino cine austro-mexicano-guatemalteco... es un centinela adusto, digno, sereno que resguarda este tesoro.
Por Juan José Gurrola lturriaga |